El estado de la inteligencia del estado

El estado de la inteligencia del estado

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09.septiembre.1991

Es difícil evitar algo tan provocativo como leer un documento que se encuentre sobre un escritorio, con un sello que diga Secreto. Sin embargo, es frustrante cuando su contenido no corresponde a la clasificación, y en vez de un documento con información, hechos y datos suficientes para tomar una decisión de Estado, se encuentra con un panfleto con más interpretación que información y más adjetivos que hechos.

La Inteligencia es una herramienta esencial para muchas de las decisiones que un gobierno civil debe tomar. Si los organismos de Inteligencia del Estado le informan al Presidente que un grupo de bandoleros está dividido, desmoralizado y en desbandada, toma una decisión totalmente diferente a si le informan que un grupo guerrillero se encuentra en una discusión política interna, pero tiene elaborado un plan de contingencia en caso de un ataque oficial.

La Inteligencia no sólo se utiliza para la formulación de políticas de seguridad. Funciona, como ocurre en Europa y Estados Unidos, en las dependencias de Hacienda, Comercio o Desarrollo, para tomar decisiones acertadas. Por ejemplo, para prever el monto del capital extranjero que se filtraría al país en caso de un cierre del crédito, no sobre la base de indicadores macroeconómicos o presunciones de computador, sino sobre datos ciertos de las cuentas de los colombianos en el exterior, o cifras exactas fruto del espionaje en las juntas directivas de las empresas, o en las instituciones financieras. Así, el Ministro Hommes hubiera podido prever lo que ocurriría con el cierre del crédito y tomar una medida acertada desde el principio, sin tener que lanzar medidas para ver cómo reacciona el mercado de capitales y luego, cuando conoce el efecto, tomar otras para rectificar las primeras. Es decir, el sistema de la experimentación. El costo fue que el sector productivo colombiano le traspasó al capital especulativo internacional parte de sus utilidades para que se fueran al exterior. Faltó la Inteligencia.

Pero en el área económica, habrá que esperar años. En asuntos de seguridad interna, en cambio, parece acercarse un presente mejor con la incorporación de mandos civiles en las altas posiciones para implementar la reestructuración de todos los servicios de Inteligencia del país.

Cuando los servicios de Inteligencia funcionan de manera autónoma o dentro de la estructura de la Fuerza Pública, es normal que se desarrollen intereses y políticas que no siempre coinciden con los del gobierno civil. Es más, dada la sensibilidad de la información que se puede manejar -por eso se recoge, precisamente- en los servicios de Inteligencia existe la tendencia a reservársela. Los agentes, detectives y funcionarios se la ocultan entre sí según sus juegos burocráticos o conveniencias de grupo; ellos, a su vez, les ocultan parte a sus superiores, y éstos suelen hacer lo propio con el alto gobierno, que debiera ser el usuario final de toda la información que recogen los servicios de Inteligencia. Es el juego de la burocracia en cualquier país del mundo.

Además de la inclinación a guardar la información, se tiende a manipularla, lo que por supuesto ocurre más entre menos profesional y preparado sea el servicio y mientras peor remunerado sea. En Colombia, por ejemplo, en los servicios, muchos mandos medios adolecen de una formación adecuada, pero están en las posiciones por la confianza que le generan al superior. Este mando, agradecido, suele convertirse en un funcionario servil afanado por satisfacer al superior y mantener su confianza. Los esfuerzos se hacen entonces para fabricar informes y operaciones de Inteligencia que confirmen las hipótesis de arriba, en vez de realizar un trabajo que lleve información al superior para formular las políticas de seguridad del Estado sobre bases sólidas y reales.

Como causa de la información que se maneja en el país, se toman decisiones equivocadas de seguridad, con graves consecuencias para la población civil. Como, por ejemplo, ordenar la toma militar de una residencia donde se encuentra reunida una célula terrorista de alta peligrosidad y con un gran arsenal. La urgencia no permite buscar orden de allanamiento y se procede al operativo. En la residencia mueren los civiles que la ocupaban: una familia. No hay arsenal, ni complot. Al investigar, se encuentra que la información de Inteligencia tenía sólo especulaciones de los analistas, basadas en un simple dato erróneo, sobre la posibilidad de que entonces un contacto guerrillero pasara la noche en esa residencia. Ha ocurrido en varios países del vecindario.

La falta de Inteligencia en los gobiernos puede así mismo llevarlos a tomar decisiones desastrosas, como decretar una guerra. O definir una táctica de negociación con un grupo guerrillero. Por eso, con la Inteligencia sucede lo mismo que con el uso de la Fuerza oficial: debe ser dirigida por los civiles. Los intereses de sectores tan especializados como las agencias de seguridad no son los mismos de los de un estadista que traza políticas para el bien de la nación y no para el de un servicio secreto o un cuerpo armado. Si en algún momento se le puede dar la bienvenida a la modernidad en Colombia, será cuando las medidas del Presidente Gaviria sobre los servicios de Inteligencia los vuelvan inteligentes, y la sociedad civil goce entonces sí de seguridad.

El estado de la inteligencia del estado

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