Entrevista a Jaime Bateman

Entrevista a Jaime Bateman

Entrevistas

01.enero.1993

Revista NACLA

Jaime Bateman Cayón, 42 años, es el comandante superior del M-19. La única vez que ha estado detenido fue a mediados de los 60, en el aeropuerto de Miami. Iba a un Congreso a Praga como miembro de la organización comunista y le fue negado el tránsito por los E.E.U.U.. Creyendo que los gorilas que lo arrastraron hasta la habitación de la reclusión lo iban a maltratar como sería usual en Colombia, armó un alboroto del San Putas. Sin embargo, después de 24 horas de encierro viendo televisión en colores, fue puesto en un avión de vuelta a Colombia. Llegó al Congreso por otra ruta. En realidad, ésta fue una de las pocas anécdotas que NACLA recogió de Pablo, su nombre guerrillero, porque durante 10 horas de entrevista, la mayor parte del tiempo se dedicó al análisis del movimiento guerrillero Colombiano, de sus perspectivas y las del M-19, y a la discusión de la situación política actual de Colombia. Su sencillez como expositor no le resta claridad ni profundidad a sus planteamientos.

Esta actitud se refleja en las acciones del M-19, no sólo por la influencia de Bateman, sino porque la mayoría de sus cuadros tienen la mentalidad abierta para presentar soluciones concretas. No le tienen miedo a los errores; a la gente no le importa el error, lo que le importa es ver si se es consecuente o inconsecuente políticamente.

¿Qué es el M-19?

El M-19 es guerrilla a partir de 1981. Cuando hablamos de guerrilla, hablamos de la posibilidad de un ejército. Guerrilla en seco no existe en ninguna parte del mundo. La guerrilla es una etapa hacia la conformación de un ejército.

El M-19 fue un movimiento político-militar, más político que militar, que supo ligar las acciones militares a la propaganda armada. O sea, supo convertir cada acto militar en un triunfo político, gracias a la audacia, gracias a una mentalidad abierta a soluciones concretas, mejor dicho, gracias a una política amplia, democrática, nacionalista y revolucionaria. Eso es el M-19 hasta 1981, una etapa de triunfos.

¿Cuáles son esos triunfos? La toma de la espada de Bolívar fue un triunfo estratégico. Hemos recuperado un símbolo de América Latina. Ahora con el bicentenario de Bolívar se ve la magnitud de triunfo. Esto no se ve sino en decenas de años. Hoy el M-19 tiene en sus manos el mejor símbolo y el mejor homenaje a esos doscientos años, lo vamos a utilizar a fondo.

El secuestro del gerente de Indupalma fue un triunfo político muy grande para la clase obrera, porque logramos darle una lección a la oligarquía colombiana. El secuestro de Mercado, porque mostramos a todos los vendidos cuál era la suerte que iban a correr si seguían con esa política. Porque nosotros con Mercado no hicimos un secuestro, hicimos un acto de protesta, y la oligarquía colombiana no quiso negociar con el movimiento popular. La muerte de Mercado fue criticada por un sector, a nivel de intelectuales, de esa intelectualidad que quiere que las cosas sean perfectas. Mira, cuando nosotros secuestramos a Mercado, éramos una organización muy pequeña, no éramos una organización de masas. Fuimos consecuentes con lo que estábamos diciendo. Si hubiéramos sido inconsecuentes, la gente nos retira el apoyo, como se lo retiró a Rojas

Pinilla. Nosotros surgimos como una protesta a la inconsecuencia del General. Estábamos expresando un sentir popular. A la gente no le importa que tú te equivoques en la política, al pueblo le importa un culo esa vaina, lo que le importa es si tú eres consecuente o inconsecuente...masas populares, estamos hablando de pueblo, no estamos hablando de intelectuales, éstos hacen otro tipo de caracterización sobre la época de Mercado. Para el intelectual fue un golpe duro porque él estaba pensando en las operaciones clásicas, bellas, puras y completas. Al pueblo eso no le importa, el análisis no le interesa, le importa son las consecuencias.

La izquierda considera que ese fue nuestro mayor fracaso. Nosotros lo consideramos nuestro mayor éxito, en ese momento. Ahora, que la salida fue la más... inhumana, eso es cierto nosotros lo reconocemos. Por eso fue que entonces proponíamos a López Michelsen: “Busquemos una solución pacífica para este problema, negociemos...”. Nosotros le proponíamos solución a varios problemas. La situación de Riopaila, la de los maestros, en fin de cuentas le proponíamos reformas inmediatas. Ni siquiera reformas, soluciones inmediatas a los movimientos reivindicativos. En ese momento la oligarquía colombiana demostró su verdadera farsa: Todos esos vendidos, todos esos sirvientes, todos esos pobres que le sirven a los ricos fueron alertados por la acción político-militar del M-19.

Acciones del Eme

Nosotros hemos cometido errores...como no estar claros en que lo importante es crear un ejército; combatir al enemigo; recuperarle armas; no estar claros en que las acciones militares generan política...Éstos son nuestros errores fundamentales...no estar claros en que se necesita modernizar a la guerrilla, en sus medios, con nuevos elementos... Sabemos que mientras no superemos esos errores el M-19 igualmente va a ser una guerrilla

más en Colombia. No nos hacemos ilusiones.

En el Cantón nosotros estábamos pensando en la guerra, porque teníamos que hacer una guerra para lograr lo que queríamos. Estábamos también pensando en la solidaridad internacional. En ese momento, era enero de 1979, a seis meses del triunfo sandinista. Estábamos pensando en que parte de ese armamento se lo íbamos a dar al movimiento sandinista. Estábamos pensando el movimiento guerrillero colombiano. Estábamos pensando en una guerra.

Nosotros enfrentamos la estructura a la realidad. La realidad fue cruda, tremenda. Pero nos dio un resultado importante en política. La estructura nuestra fue destruida. Primera gran enseñanza: La estructura vale huevo frente a la política. Lo importante no es la estructura, lo importante es la política.

La gente habla más de la Embajada de la República Dominicana que del Cantón pero yo creo que fue importante el Cantón. La Embajada fue la consecuencia, el Cantón fue la causa. Tocó las “huevas” del sistema. Al sistema le tocó sacar todas las uñas que tenía y recurrió a la represión masiva.

Y el país entró en un período que nadie ha tenido la valentía de reconocer como el período más importante de la historia reciente colombiana. Turbay Ayala dice que en ciento cincuenta años de historia nunca se había visto a la gente hablando tanto como en ese período... que fusilaron, que asesinaron, que capturaron... Toda la democracia, la democracia real, con sus personajes reales salieron a flote y se convirtieron en una

alternativa en ese momento. La democracia real, las personas. El viejo Apolinar Díaz – Callejas, Vásquez Carrizosa; Galán; las asociaciones campesinas, el Partido Comunista. Salieron a flote porque se vio la realidad cruda. Ésa es Colombia, un país de represión, un país de mierda... Cinco mil armas desarmaron al ejército... lo desarmaron espiritualmente. Les tocó quitarse la careta de la democracia representativa. Quedó lo representativo, se acabó la democracia. ¿Representativo de qué? De eso, del militarismo, de la antidemocracia... y se enfrentó el país en una lucha original. Porque eso sí, no se ha dado en ninguna parte del mundo. En el país en este momento se estaba asesinando gente, torturando gente; sin embargo, se seguía discutiendo como nunca.

En el momento de la toma de la Embajada ya nosotros teníamos cien hombres en armas, que era un acontecimiento histórico para el M-19... ya teníamos “ejército”. Para nosotros era un ejército de cien mil hombres.

La Embajada es el cobro político que hace el M-19; hasta ese momento el M-19 era un proyecto que se consideraba liquidado, aunque ya nos habíamos tomado el caleño y habíamos demostrado que existíamos. Eso era bueno para nosotros. Pero a nivel nacional o mundial eso no se conocía con tanta profundidad como cuando nos tomamos la Embajada. Estábamos diciendo al mundo: “Ésta es Colombia”.

Fracasos locales: Choco y Nariño

Marzo de 1981. Allí hay que revisar un poco lo que hacía el gobierno, porque eso fue una consecuencia. En ese momento se estaba discutiendo el primer proyecto de amnistía de Turbay.

Allí se definía la política del M-19, y le dimos una importancia, la que se necesitaba en ese momento. Por eso elaboramos un plan político militar de enfrentamiento a esa política que pretendía engañar al movimiento popular. Dentro de esto estaba en primer lugar la profundización de la guerrilla en el Caquetá, que comenzó su accionar militar exactamente el 11 de enero de 1981.

Hicimos la primera operación compleja del M-19 a nivel rural, utilizando más de dos compañías, que ya para nosotros era bastante para comenzar. Eran en parte las fuerzas que venían de las guerrillas móviles. O sea, pasábamos de unas “móviles” de más de diez hombres a prácticamente dos compañías de más de 150 hombres. Operaciones donde se necesitaba maniobrar, aunque fuera en seco. Ya comenzábamos a vislumbrar que al enemigo había que cogerlo en movimiento y golpearlo en movimiento, no en sus trincheras. En general éste es el criterio militar.

A partir de ese momento nosotros empezamos a pensar en la respuesta de Turbay frente a su proyecto de paz, que era falso, demagógico, engañoso. Cuando Turbay lanza su proyecto de amnistía, que fue posterior a la toma de la embajada –en diciembre de 1980- ya nosotros preveníamos lo que se venía encima del movimiento popular, y planeamos las operaciones. No era la invasión de Chocó y Nariño. Era la operación militar en tres frentes de guerra: En Caquetá, en Nariño y en Chocó. A partir del 10 de marzo, todas esas fuerzas tenían que ponerse en acción. Habíamos invertido todo el dinero recogido durante la toma de la Embajada, que era un millón de dólares, para armar esas fuerzas. Prepararlas, armarlas, toda esa cuestión... Nosotros no creemos que haya sido un fracaso, porque a partir del 11 de marzo cuando nos tomamos Mocoa –una capital de intendencia, un objetivo

militar muy grande, la primera capital que se tomaba en Colombia; en el momento en que el gobierno estaba en la ofensiva política-, nosotros le decíamos un no rotundo a la amnistía con la acción militar.

Comenzó el accionar militar en Chocó y comenzó en Nariño. En este accionar militar tuvimos derrotas y éxitos. En Nariño fuimos derrotados, y los mismos dirigentes de la operación dieron sus declaraciones, han reconocido una derrota táctica... Sin embargo, estas tropas las logramos salvar. El error fundamental fue la concepción militar nuestra. No se le puede atribuir al enemigo, porque ellos hicieron simplemente lo que tenían que hacer: reprimir y llevar las cosas hasta sus últimas consecuencias. El problema fue que la guerrilla no llevaba su objetivo claro.

Los compañeros inicialmente pensaron que el objetivo era crear una base guerrillera en esa zona. Ése no era el objetivo militar, que era trasladarse a la zona militar donde estábamos nosotros, en Caquetá, y en Antioquia, arriba en la cordillera. Lo del Chocó era diferente. Allí se produce un entrenamiento militar de grandes consecuencias. Allí se peleó durante siete días, el ejército detrás de la guerrilla. La guerrilla lo que no supo en ese momento fue determinar cuándo había que cortar el contacto con el enemigo. No, no fue un error de planificación. Falló la concepción militar; independientemente de una buena planificación si el comandante guerrillero lleva una concepción diferente, fracasa o se convierte en un éxito. En este caso se convirtió en un fracaso porque... en Nariño los compañeros pensaron que podían hacer zona guerrillera donde habían desembarcado. Éste fue el error estratégico, para no hablar de otros errores de menor cuantía. El enemigo nunca logró liquidarnos después de la operación, pese a que había una movilización grandísima del ejército. Tuvimos un triunfo político muy importante que era derrotar el proyecto de amnistía de Turbay, que lo culminamos con la ofensiva que hicimos en junio y que concluyó el 20 de julio del año 80.

A Pastrana no lo reclutó el ejército, él se reclutó. Se asustó mucho con lo del Cantón. Ante la represión directa del ejército se asustó mucho y llamó al general Vega Uribe y le dijo: “a mí no me jodan, yo no tengo nada que ver...” y Vega Uribe le dijo: “Bueno, venga a mi oficina...”, y le mandó un capitán. Estaba en la periferia y sabía la clase de trabajo nuestro, la influencia que teníamos en las zonas campesinas fundamentalmente. Sabía todos los contactos en el Caquetá. Entonces cuando el tipo delata todo lo que sabe, Vega Uribe le plantea que trabaje para ellos. Vega le dice: “Bueno, si usted trabaja para nosotros, le damos billete, una casa, pasaporte a su familia y usted después se va para el exterior”. ¿Cuál era el objetivo? Decirle al ejército dónde se encontraba la dirección del M. O sea, él se iba a reincorporar a la organización, el ejército le iba a dar armas, carros, él iba a hacer determinadas operaciones militares, aparente, propaganda armada ... iba a coger prestigio, y suponían que después nosotros lo íbamos a llamar –por su eficacia militar– y lo incorporaríamos a la dirección. Entonces nos delataría a todos.

Para conseguir el contacto –en este momento ya toda la dirección había caído– él sabía que la única dirección funcionaba en el Caquetá. Comenzó a trabajar con otros compañeros, entre otros el tipo que lo jode a él, que se arrepintió, vino y nos contó la historia. Claro que Pastrana ya había cometido errores, sobre todo en el manejo de dineros y cosas de esas. A lo mejor nos hubiera jodido, quién sabe...

Entonces, cuando el compañero nos contó, se dio la orden: “A ese tipo no hay que cogerlo, hay que darle”. Él fue a una cita con los compañeros, Pastrana llegó más arriba del lugar de la cita, a orillas de un río, le cayeron los compañeros y ¡pum pum! Ya estuvo. Llega luego el ejército y cuando lo ven muerto dicen: “Y ahora qué haremos, nos mataron el cuadro...!”.

Entonces recibieron la orden de mostrarlo como si hubiera sido torturado. Le cortaron las orejas, le sacaron los ojos, lo colgaron, y apareció el cadáver de ese verraco todo maltratado. Nosotros todo lo que hicimos fue ajusticiarlo porque era un agente del enemigo...

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