High-Tech vs. Malicia árabe

High-Tech vs. Malicia árabe

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24.enero.1991

Mucho más lento de lo que se esperaba avanza el plan militar de Estados Unidos y sus aliados contra Irak. El ablandamiento a través de los bombardeos masivos contra los puntos estratégicos de las defensas iraquíes inclusive en Kuwait fue de una dimensión difícil de imaginar en medio de la guerra. Su propósito es allanar el terreno para que la infantería avance desde Arabia Saudita y desembarque por aire. Hay en Kuwait, miles de tropas con sus equipos y arsenal para desalojar a las fuerzas de Hussein. Ésta es la etapa que se vive en la segunda semana de conflicto, con una enorme cautela ante la evidencia de reservas y la capacidad de resistencia que pueden ofrecer las experimentadas y bien armadas tropas de Hussein para el combate.

Si bien la ausencia total de información confiable impide hacer el balance de los resultados en daños a Irak durante la primera semana de ataques, es claro para los analistas militares independientes que, a diferencia de Estados Unidos, Irak tuvo sólo seis meses para preparar su defensa-ofensiva, Estados Unidos mucho más tiempo, desde que decidió invadir a Kuwait. La operación que les debió tomar meses de preparación.

Se considera que Hussein utilizó el tiempo y experiencias como la vietnamita, para cavar masivamente túneles que le permiten eludir y resistir los bombardeos. Así mismo, aprovechó para construir falsas instalaciones militares que engañan a los militares espías y para distribuir entre la población civil-militar armas de mediano poder para hacer muy costoso en vidas humanas el necesario asalto final de tropas. Es decir, el asalto de ocupación no se daría entre tropas y tropas, sino entre tropas invasoras y población civil militarizada, lo que hace más difícil la operación.

Cuando Hussein ordenó la invasión a Kuwait tenía un operativo militar y político preparado porque sabía lo que se le avecinaba frente a Occidente y sus vecinos. No está improvisando. El hecho mismo de la invasión, ese sí, fue un verdadero éxito político y militar porque sorprendió a las potencias que tienen intereses estratégicos en la zona. ¿Cómo ninguna de las organizaciones de inteligencia militar de Europa o Estados Unidos pudo prever la invasión y, si lo hubieran hecho, por qué no pudieron impedirla? Fue un gol de Hussein bajo cualquier respuesta que se busque. Y la terquedad que sus negociadores mostraron ante la ONU y Ginebra, confirma que tienen un plan en el que confían y que hasta ahora no ha sido destruido por los bombardeos.

En la definición del esquema militar de Irak, pesan la experiencia y asesoría que le brindó la Unión Soviética y otros países con intereses antagónicos a los de Estados Unidos. Hay que tener en cuenta que el ejército mejor informado del mundo sobre la estrategia militar norteamericana era el soviético y que esa información se utilizó para que sus aliados o colonias, si se quiere, desarrollaran eficaces esquemas defensivos. Y aunque la guerra fría entre las dos potencias finalizó, los soviéticos no pueden recoger la información ni los conocimientos que ya le traspasaron a países como Irak, Cuba o Afganistán.

Esperar es la táctica

Los ejemplos de las sorpresas tácticas que las antiguas repúblicas del bloque comunista le han propinado al Pentágono, sin contar el fiasco de Vietnam y sumándole la misma invasión a Kuwait, abundan. Uno de los más notorios se refiere a la forma en que operan los servicios de inteligencia, en donde el factor humano sigue siendo esencial. Mientras los militares norteamericanos van muy de lejos a la vanguardia de la alta tecnología militar, los soviéticos estaban a la cabeza del espionaje. Los gringos inventaban y los rusos compraban los inventos. No para copiarlos, porque tal vez ni siquiera tienen los recursos necesarios para hacerlo, pero sí para conocer su funcionamiento y desarrollar sistemas de neutralización.

Por ejemplo, Cuba movilizó a principio de los ochenta, en absoluto secreto, 50000 soldados a Angola en menos de dos meses. Si se tiene en cuenta que es una isla donde los movimientos son fáciles de controlar a los ojos de todos los satélites, se trató de una burla. Además, la distancia que separa las dos regiones es inmensa y la ruta complicada. Todo eso frente al obsesivo y evidente control de inteligencia que Estados Unidos mantiene sobre Cuba. La burla –en sentido militar– que el ejército de Castro le hizo a la inteligencia de Estados Unidos es importante. Malicia vs. High-tech.

¿Cómo escondieron los cubanos sus tropas? ¿En sacos de azúcar que cargaban en barcos mercantes? No importa. El enano eludió la tecnología del gigante y cambió el equilibrio militar en la zona africana donde se enfrentaba. Y el efecto fue que el Pentágono debió utilizar una nueva estrategia para equilibrar la guerra, puesto que nunca sus analistas contemplaron como una posibilidad el que un aliado pudiera enviar un apoyo de esa dimensión hasta Angola y mucho menos que fuera Cuba. Al final, llegaron a las negociaciones que ya se conocen.

Otro caso más grave para los intereses de la seguridad nacional norteamericana, se refiere a la llegada, también a Cuba, de una flotilla de aviones Mig-29, los de la más elevada tecnología soviética, con una autonomía de vuelo que les permitía ir hasta Washington y volver a la base en pocos minutos. Y las bases son subterráneas, incluyendo las micropistas que se necesitan para el despegue. No es que eso signifique una derrota para Estados Unidos. Lo que hace es registrar las limitaciones de la tecnología, que no puede sobrepasar a los maliciosos recursos que el mismo hombre puede inventarse para neutralizarla. Los pueblos del Tercer Mundo, que nunca han tenido acceso a ese refinamiento de la ciencia aplicada a las artes bélicas, confían en el elemento humano como el arma que contrarresta su atraso en ese terreno.

Y la táctica de Irak es esperar. Esperar a que vayan a sacarlos de Kuwait. Para eso necesitan ocupar. Y la ocupación puede ser aérea. Los tanques y los misiles apoyan, pero las tropas aliadas –hombres– tienen que llegar. Y como en cualquier guerra, otros hombres ocultos, armados y dispuestos a morir, esperan su oportunidad para salir, golpear y esconderse. ¿Cuántos muertos puede resistir la opinión pública norteamericana en esta guerra? Ése es el Juego de Hussein. Como en Vietnam o en Corea, la superioridad tecnológica sólo sirvió para llegar más rápido al enfrentamiento convencional en tierra, donde los hombres cuentan tanto como las armas. Es seguro que la proporción de muertos favorecerá a Estados Unidos. Como en Vietnam, donde frente a menos de 60.000 norteamericanos muertos pereció un millón de asiáticos. Pero éstos ganaron la guerra.

Hussein no es un Noriega

La segunda semana es la semana de la sangre y el humo; ya no se dispara contra edificios militares, muy posiblemente abandonados con anticipación, sino contras las tropas que intentarán contener la ocupación. Las instalaciones petroleras pueden empezar a ser utilizadas en cadena como arma-rehén, haciendo arder su combustible, no ya como un anuncio, sino como la respuesta a la ocupación terrestre. A cada paso de un bando, el otro responde. Estados Unidos bombardea. Irak lanza misiles contra Israel. Estados Unidos invade Kuwait, Irak quema su petróleo... y entonces si, ¿para qué la guerra?

El ingrediente político y sicológico de la primera semana fue más interesante, porque las estrategias y tácticas militares son tan clásicas como la humanidad que guerra desde sus orígenes. A pesar de la High-tech que sólo las hace más eficaces. La guerra de información y la sicológica han sido intensas. En primer lugar, el masivo strike aéreo del imperio anticipó erróneamente una temprana derrota de Hussein, porque así quiso el Pentágono que el mundo lo viera. Aunque sabían que no era así, lo esencial es crear la sensación en el mundo y sobre todo en Estados Unidos, de que esta guerra sí se gana y que de hecho ya se ganó: que sólo es cuestión de tiempo, semanas o meses, hasta que caiga el tirano y sobrevenga la rendición.

Hussein respondió como lo había planeado y anunciado: provocando a Israel, que no puede cruzarse de brazos a esperar la lluvia graneada de misiles. Pero, al mismo tiempo, ¿cómo puede retaliar más allá de los masivos bombardeos, que ya produjeron la destrucción y el daño que podían hacer los occidentales todos juntos por ese flanco? La única arma para escalar la guerra, es la nuclear, cabezas nucleares, tácticas de limitado poder destructivo, en áreas estrechas (20 a 50 kilómetros cuadrados). ¿Pero le conviene a Estados Unidos y a sus aliados que Israel las use? Hussein sabe que no. Y la sola amenaza unifica al resto del mundo árabe, donde las presiones populares para apoyar en el conflicto a Irak cobran cada día más fuerza. De la primera semana de guerra quedó claro que Hussein no era un Noriega, como quiso pintarlo el Pentágono.

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