El expediente Zapatero: cuando la mediación se vuelve deuda
El expediente por presunto tráfico de influencias contra el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero lleva veinte años en construcción. ¿Es una acción natural de la justicia o una operación política?
El expediente contra José Luis Rodríguez Zapatero se empezó a tejer desde 2004, cuando el nuevo presidente socialista ordenó retirar las tropas españolas de Irak apenas horas después de su investidura. Washington lo tildó de traidor en la guerra contra el terrorismo. El expediente creció con el proceso de desmovilización de la ETA, que la derecha consideró una concesión a criminales, y siguió nutriéndose con sus visitas a Cuba y Venezuela como mediador internacional desde 2014, y con su cercanía posterior a China a través del think tank Gate Center, fundado en 2022.
Zapatero retiró las tropas de Irak en cuestión de semanas y nunca se arrepintió; reforzó su posición reivindicando su gesto de permanecer sentado durante un desfile militar estadounidense cuando aún era candidato. Impulsó también el levantamiento de la posición común europea hacia Cuba, lo que le costó ser acusado de "extraordinaria deslealtad" por el gobierno del PP.
El capítulo que más pesa en el expediente es el fin de ETA por la vía del diálogo: en 2006 el gobierno de Zapatero abrió negociaciones con apoyo de Cuba y Noruega, que sobrevivieron incluso a un atentado en el aeropuerto de Barajas, y culminaron en 2011 con el cese de la actividad armada de la banda. La derecha nunca perdonó que desactivara esa organización por la vía política.
Desde 2014 Zapatero se convirtió en el mediador internacional más visible con el chavismo, un papel que Washington quiso instrumentalizar para sacar a Maduro del poder y que, al no lograrlo, terminó volviéndose en su contra. Su cercanía con China —reuniones con el Instituto Popular Chino de Asuntos Exteriores y visitas a ferias tecnológicas— también lo puso en la mira de sectores conservadores de Washington, al punto de que un senador republicano lo describió públicamente como parte del "engranaje China-Rusia-Venezuela".
La imputación más reciente de la Audiencia española gira en torno a unos honorarios de asesoría —cerca de 500.000 euros— que Zapatero cobró de aerolíneas que accedieron a créditos públicos europeos durante la pandemia. El expediente sugiere sin pruebas documentadas que pudo haber tráfico de influencias o manejo de fondos de origen chavista. Para la militancia socialista y el gobierno de Pedro Sánchez, el verdadero objetivo del expediente es minar la legitimidad del pacto de investidura de Sánchez con el independentismo catalán, en un momento en que la derecha necesita debilitar al PSOE.
El gobierno de Zapatero (2004–2011) nunca tuvo un escándalo de corrupción. Su problema con la derecha no es de honestidad sino de influencia: es un estadista que cree en el diálogo como método, que prefiere acercarse a China antes que inventarla como enemigo, y que cuestiona públicamente las guerras de Washington. En esa disputa, el golpe recae hoy sobre el PSOE y el gobierno de Pedro Sánchez, del que Zapatero es uno de sus principales respaldos internacionales.







