Ramón Jimeno

Ramón

Jimeno

Periodista · Guionista · Consultor

Contar, en papel y en pantalla, cómo se ejerce el poder en Colombia.

Más de 40 años de trayectoria en periodismo, cine y estrategia

Abogado de la Universidad de Los Andes, Bogotá-Colombia. Consultor en comunicaciones, periodista, analista político, guionista y productor de cine y televisión. Socio fundador y gerente de JA&A ha asesorado a mas de 150 empresas nacionales y multinacionales en relaciones con gobierno y comunidades, planes de Responsabilidad Social, crisis, diálogo social y solución de conflictos. Como periodista trabajó en Nueva York y Washington y en Colombia en noticieros de televisión, programas de análisis y reportajes y fue editor general del diario El Espectador. Ganador de varios premios nacionales de periodismo Simón Bolívar e India Catalina. Escribió el guión del largometraje La Estrategia del Caracol y fue productor del Largometraje "Todos se van" (2015). Ha dirigido y producido más de 20 documentales y cerca de 400 horas de series de televisión. Ha sido profesor de la Universidad de Los Andes en Alta Gerencia y en el EMBA y conferencista invitado de centros académicos como Oxford University.

Premio Simón Bolívar· Premio India Catalina· Premio CPB 2023· +40 años de trayectoria

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Cepeda y De la Espriella: dos maneras de construir una mayoría

La elección presidencial de 2026 terminó casi empatada. Un análisis de las dos estrategias de campaña que explican por qué ganó ADLE.

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¿De dónde salieron y qué significan los votos de Abelardo de la Espriella?

ADLE ganó la Presidencia con casi 13 millones de votos. ¿De dónde salieron realmente y qué mecanismo político le permitió construir esa coalición?

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Periodismo

Cepeda y De la Espriella: dos maneras de construir una mayoría

La elección presidencial de 2026 terminó casi empatada: 13 millones de votos para Abelardo de la Espriella frente a 12,7 millones de Iván Cepeda. Un análisis de las dos estrategias de campaña que explican por qué ganó ADLE.

La elección presidencial de 2026 terminó casi empatada. Abelardo de la Espriella obtuvo cerca de 13 millones de votos e Iván Cepeda 12,7 millones. La diferencia fue 252 mil votos. Detrás de ese resultado hubo dos campañas construidas de manera muy distinta. Cepeda partió de una identidad política consolidada, una organización nacional, el electorado que había llevado a Gustavo Petro a la Presidencia cuatro años antes y que consolidó durante su ejercicio. Su principal desafío era conservar ese bloque y ampliarlo hacia votantes urbanos y de centro. De la Espriella enfrentó el problema inverso: existía un enorme electorado contrario al Gobierno Petro, pero estaba fragmentado entre partidos, candidatos tradicionales, independientes y ciudadanos sin una identidad partidista estable. Su tarea era convertir el malestar disperso en una candidatura presidencial que lo sintetizara.

Cepeda tenía que ampliar una comunidad política existente. ADLE tenía que construir una coalición electoral a partir de públicos que todavía no estaban organizados alrededor de un candidato.

Ambos mecanismos produjeron resultados extraordinarios. Cepeda terminó con una votación mayor que la de Petro en la segunda vuelta de 2022; ADLE reorganizó la oposición alrededor de un liderazgo nuevo y consiguió ganar por un margen mínimo. Pero la secuencia es importante buena parte de la ventaja decisiva de ADLE la construyó antes de la segunda vuelta.

Dos puntos de partida diferentes

El Pacto Histórico obtuvo 4,4 millones de votos al Senado en marzo de 2026. Dos meses después, Cepeda alcanzó 9,7 millones en la primera vuelta. Su candidatura fue, por tanto, mucho mayor que la estructura parlamentaria del Pacto. En el caso de ADLE el punto de comparación es distinto. La "derecha amplia" (Centro Democrático, Partido Conservador, Salvación Nacional, Creemos y Cambio Radical-ALMA) sumó 7,1 millones de votos al Senado. De la Espriella obtuvo 10,4 millones en primera: 3,3 millones por encima. En una muestra municipal elaborada para este análisis, ADLE superó a la derecha amplia en 19 de veinte municipios comparables.

Las categorías son asimétricas. El Pacto Histórico es un bloque partidista más compacto, mientras la "derecha amplia" suma cinco organizaciones. Políticamente enfrentaron dos problemas de campaña diferentes. Cepeda tenía una base menor, cohesionada e ideológicamente reconocible. ADLE disponía de un universo potencialmente mayor, pero fragmentado. Por eso sus mecanismos de crecimiento fueron distintos. Cepeda debía movilizar y ampliar. ADLE debía concentrar.

Primera vuelta: ADLE ganó la batalla de la concentración

En la primera vuelta, ADLE obtuvo 10,4 millones y Cepeda 9,7 millones, una ventaja de 662 mil votos. El dato es importante porque, durante buena parte de la campaña, Cepeda aparecía en las encuestas como el candidato con mayor intención de voto, mientras la oposición seguía dividida entre De la Espriella, Paloma Valencia y otras alternativas.

La consulta de marzo fortaleció al principio a Valencia. En abril se acercó al 20 % en las mediciones, mientras ADLE conservó un piso cercano al 30 %. Pero la relación se invirtió. A mediados de mayo ADLE estaba en el 33 % y Valencia empezó cayó al 17 %; en la última medición de AtlasIntel, De la Espriella llegó a 37 % y Valencia baja al 14 %.

La lectura es clara. ADLE ya había concentrado un electorado propio antes de esa transferencia. Lo que ocurrió al final fue una concentración por viabilidad. Cuando la pregunta ciudadana dejó de ser "qué candidato de derecha prefiero" y pasó a ser "quién puede derrotar a Cepeda", una parte del electorado opositor se movió hacia quien parecía tener mayores posibilidades de pasar a segunda vuelta.

Cepeda llegó a la primera vuelta intentando movilizar un bloque. ADLE llegó intentando convencer a varios electorados de que él era el vehículo capaz de derrotar al bloque contrario.

Dos emociones políticas distintas

ADLE convirtió esa preocupación en una secuencia política sencilla: amenaza, pérdida de autoridad, necesidad de orden, candidato fuerte. La mano dura, la exaltación de la Fuerza Pública, el tigre, la venia militar, los símbolos patrióticos y la oposición entre "los nunca" y "los de siempre" ayudaron a convertir una percepción difusa en una identidad electoral.

Cepeda trabajó sobre otro registro emocional: justicia, dignidad, memoria, derechos, paz y continuidad del cambio. Esa narrativa tenía capacidad de cohesión dentro de un electorado progresista ya politizado. El problema fue su menor conexión inmediata frente a los temores que expresaban sectores urbanos indecisos, particularmente en seguridad, estabilidad y continuidad del Gobierno.

Movilizar una identidad frente a persuadir una audiencia

Durante buena parte de la primera vuelta, Cepeda desarrolló una campaña con base en plazas públicas, organizaciones sociales, recorridos regionales y discursos programáticos. Hizo cerca de 150 actos en plaza pública. Ese formato era eficaz para reforzar pertenencia, militancia y coherencia ideológica. Pero era una campaña para movilizar a su misma gente.

ADLE construyó una campaña orientada a audiencias específicas. Videos breves, mensajes emocionales, influenciadores, cuentas secundarias, WhatsApp, celebridades, inteligencia artificial y piezas diseñadas para circular formaron parte de una estrategia para convocar a ciudadanos indecisos antes de que se integraran a una comunidad política.

La diferencia que cada campaña les asignó a las redes fue decisiva. Para ADLE, las redes eran parte de la construcción de identidad. Para Cepeda, durante meses fueron un canal apenas complementario de una campaña asentada en militancia, organización y plaza pública.

Después de la primera vuelta, Cepeda corrigió. Intensificó entrevistas, videos cortos y redes; se acercó a youtubers, influenciadores y comunidades organizadas digitalmente como los seguidores del K-pop; se mostraba más cercano y tomó distancia de propuestas de Petro que generaban resistencia. El problema es hizo este ajuste cuando ya el tiempo se acababa. Modificar en tres semanas su relación con las audiencias cuando ADLE llevaba meses construyéndola, fue su gran desventaja.

La clase media urbana: el campo de batalla que la mirada nacional oculta

En la comparación de campaña hay un hecho interesante: ADLE creció más allá de los bastiones históricos de la derecha. Hay evidencia de que penetró sectores urbanos de clase media y media baja que cuatro años antes habían contribuido a la victoria de Petro.

La Silla Vacía cruzó el escrutinio puesto por puesto con información geográfica y censal. En Bogotá encontró 52 puestos de votación que en 2022 habían sido más favorables a Petro que a Federico Gutiérrez o Rodolfo Hernández y que en 2026 pasaron a De la Espriella. Los puestos que cambiaron se concentran en zonas de clase media y media baja.

El cruce sociodemográfico también muestra una modificación de la composición. En 2022, el 16 % de los puestos ganados por Petro correspondía a zonas de estratos 3 y 4. En 2026, entre los puestos ganados por Cepeda, esa proporción bajó al 13 %. En sentido contrario, el 23 % de los puestos ganados por ADLE estaba en zonas de clase media, frente al 12 % de los que ganó Rodolfo Hernández en 2022.

Sería equivocado concluir que millones de petristas se convirtieron en votantes de derecha. Si bien los datos no permiten seguir al mismo individuo entre elecciones, sí muestran un desplazamiento territorial de la frontera política: zonas urbanas que habían favorecido a Petro pasaron a ser competitivas o favorables a De la Espriella. La campaña Cepeda no detectó a tiempo el inconformismo que capitalizó ADLE, que iba más allá de las barreras ideológicas.

Bogotá: la evidencia del desplazamiento

Bogotá es el mejor laboratorio para observar ese cambio. Combina grandes bastiones progresistas, sectores históricamente favorables a la derecha y un amplio cinturón de clase media que cambia según el momento político. Un ejemplo, Gran Granada, en Engativá. En 2022, Petro obtuvo 5.200 votos, mientras Federico Gutiérrez y Rodolfo Hernández sumaron 5.100. La ventaja de Petro fue de cien votos. En 2026, ADLE obtuvo 4.900 votos frente a 3.900 de Cepeda: una ventaja de más de mil votos. Según el cruce censal, alrededor del 97 % de las viviendas del entorno de ese puesto corresponde al estrato 3.

El caso es importante porque no describe el norte acomodado de Bogotá. Describe una zona típica de clase media. Allí el cambio no fue de derecha rica a derecha más movilizada; fue el paso de un territorio apenas favorable a Petro a una ventaja clara de ADLE.

Otros barrios muestran una pérdida comparable de densidad progresista. En Granjas de Techo, en Fontibón, Petro obtuvo el 60 % en 2022; Cepeda el 37 % en 2026. En Hipotecho, Kennedy, la comparación es 55 % para Petro frente a 32 % para Cepeda. En Galerías, Teusaquillo, Petro había llegado al 67 % y Cepeda quedó en 46 %. Son caídas de entre 21 y 23 puntos.

Incluso Teusaquillo dejó señales del desplazamiento. En el puesto Rafael Núñez, Petro había obtenido 1.350 votos en 2022; ADLE alcanzó 2.100 en la primera vuelta de 2026.

La izquierda conservó buena parte del sur popular de Bogotá, pero perdió densidad en la franja media. Ese espacio intermedio fue uno de los lugares donde ADLE dejó de ser el candidato de la derecha tradicional.

Un fenómeno que se repitió en otras regiones

Barranquilla ofrece un ejemplo de ese mismo patrón. En el puesto del Colegio Distrital María Inmaculada, Petro había ganó en 2022 por 950 votos. En 2026, ADLE ganó por a 980 votos sobre Cepeda. Un margen favorable a la izquierda se transformó, cuatro años después, en un margen casi equivalente, pero a favor de la derecha.

Medellín muestra otra faceta. En la Institución Educativa La Candelaria, en la Comuna 1 Popular, una zona mayoritariamente de estrato 2, ADLE obtuvo 2.900 votos frente a 2.200 de Cepeda. En 2022, ese puesto había estado dividido entre Fico, Petro y Rodolfo. ADLE consiguió concentrar buena parte de la oposición y, al mismo tiempo, conservar presencia en un sector popular.

Estos casos no prueban una transferencia individual desde Petro hacia ADLE. Sí prueban que la recomposición no ocurrió únicamente dentro de la derecha organizada. La candidatura penetró electorados urbanos que antes eran competitivos o favorables al petrismo.

¿Por qué se movió esa franja?

No hay datos para conocer el motivo individual de cada voto, pero el clima de opinión y los análisis territoriales permiten plantear una hipótesis consistente. La franja urbana de clase media estaba menos atada a identidades partidistas permanentes que los bastiones de izquierda o derecha y era particularmente sensible a la evaluación del Gobierno.

En 2022, la pregunta dominante para muchos de esos electores era quién representaba mejor el cambio. Petro encarnó esa demanda. En 2026, después de cuatro años de gobierno, la pregunta fue distinta: quién ofrecía seguridad, estabilidad y control. A la que se agregó el balance de la gestión oficial, donde había una franja descontenta.

ADLE ofrecía una narrativa capaz de reunir motivaciones diferentes bajo un mismo paraguas: inseguridad, rechazo al petrismo, incertidumbre económica, conservadurismo cultural, desencanto con la política tradicional y percepción de viabilidad. Cepeda, en cambio, necesitaba defender el legado gubernamental y al mismo tiempo convencer al elector descontento de que su liderazgo sería distinto.

Por esta razón una parte de la elección va supera la formulación izquierda contra derecha. Fue una disputa por los ciudadanos que habían votado por Petro sin convertirse en electores permanentes del Pacto Histórico. Cepeda no entendió a tiempo este fenómeno.

La paradoja de la segunda vuelta

La segunda vuelta introduce una paradoja decisiva. Cepeda creció más que De la Espriella. Cepeda pasó de 9,7 a 12,7 millones de votos: agregó 3 millones, un crecimiento del 31 %. ADLE pasó de 10,4 a casi 13 millones, sumó unos 2,6 millones, un 25 %. Cepeda fue más eficaz en crecimiento entre vueltas. Sin embargo, perdió.

La razón principal es que comenzó la remontada con una desventaja de 662 mil votos y con un mapa territorial que lo obligaba a recuperar terreno en apenas tres semanas. Su crecimiento redujo la diferencia final hasta 252 mil votos, pero buena parte de la nueva votación se acumuló en territorios donde ya era fuerte. ADLE, en cambio, conservó grandes ventajas en buena parte del interior andino y limitó el costo de perder las grandes ciudades progresistas.

Bogotá resume el problema. Cepeda agregó medio millón de votos entre vueltas y terminó cerca de 2,2 millones. Aun así, su ventaja en la capital fue insuficiente para compensar los márgenes que ADLE construyó en Antioquia, Santanderes y otros departamentos del interior.

Cepeda corrigió, pero tarde

Después de la primera vuelta la campaña de Cepeda hizo varias de las cosas que la comparación sugería como necesarias: amplió audiencias, modernizó la comunicación digital, buscó apoyos en el centro, redujo el énfasis en propuestas que generaban temor y trató de mostrarse un candidato más cercano.

La estrategia funcionó: sumó alrededor de tres millones de votos. Sería equivocado describir la segunda vuelta como un fracaso de la campaña. El problema fue la secuencia. ADLE ganó tiempo político antes del balotaje. Unificó a tiempo buena parte de la derecha, desplazó a Paloma Valencia como opción viable, construyó una identidad digital propia y penetró sectores de clase media que Cepeda necesitaba recuperar. Cuando comenzó la segunda vuelta, Cepeda trató de remontar, pero ya no partía de una base neutral para ampliarla.

Dos modelos de campaña

La comparación permite identificar dos modelos distintos de construcción electoral. Cepeda parte de organizaciones, movimientos sociales, memoria política y una identidad ideológica. Desde allí buscó movilizar y después ampliar. Su mayor fortaleza fue la cohesión de la comunidad política. Su dificultad estuvo en persuadir a quienes estaban fuera de esa comunidad.

ADLE partió de audiencias, emociones y preocupaciones dispersas. Construyó una identidad alrededor de símbolos, antagonismos y una promesa de autoridad; luego incorporó la estructura partidista y el voto útil. Su mayor fortaleza fue la elasticidad: electores con motivaciones diferentes pueden coincidir en la misma candidatura sin compartir una identidad partidista común.

Cepeda: identidad → organización → movilización → ampliación. ADLE: emoción → audiencia → concentración → voto estratégico.

Una elección más allá de izquierda contra derecha

La geografía nacional mostraba una fuerte polarización. El Pacífico, el Caribe y amplias zonas de Bogotá conservaron enormes concentraciones progresistas. Antioquia, Santanderes y buena parte del interior votaron masivamente por De la Espriella. Pero debajo de esa polarización ocurrió otro movimiento.

La frontera electoral se desplazó dentro de las ciudades. Los 52 puestos de Bogotá que cambiaron de Petro a ADLE, los casos de Gran Granada, Granjas de Techo, Hipotecho y Galerías, y el giro del puesto María Inmaculada en Barranquilla muestran que existió una zona de movilidad electoral real.

Ese electorado no tiene por qué interpretarse como una nueva derecha ideológica. Puede entenderse mejor como una franja urbana menos partidista, sensible a seguridad, economía, evaluación de gobierno y percepción de liderazgo. Fue la misma que en 2022 contribuyó al triunfo de Petro. En 2026 una parte de ella se desplazó hacia ADLE.

Esta es probablemente una de las claves de la elección. De la Espriella ganó porque además de reunificar a la derecha, consiguió extender esa coalición hacia electores que cuatro años antes no formaban parte estable de ella.

La diferencia estuvo en el momento de la conquista

La elección puede resumirse en dos secuencias. Cepeda heredó, movilizó, corrigió y remontó. ADLE identificó, emocionó, penetró y concentró. Cepeda terminó demostrando una capacidad extraordinaria de expansión: sumó cerca de tres millones de votos entre las dos vueltas y quedó a unos 252 mil de la Presidencia. Pero esa remontada comenzó después de una primera vuelta en la que ADLE ya había construido una ventaja de más de 600 mil votos. La diferencia decisiva fue el momento en que cada candidato conquistó al elector disponible.

ADLE construyó primero una relación con una parte de la clase media urbana, convirtió inseguridad y rechazo al Gobierno en una demanda de autoridad, utilizó las redes como infraestructura de identidad y logró que la viabilidad transformara esa identidad en voto útil.

Cepeda entendió buena parte de ese problema después de la primera vuelta y reaccionó con eficacia, pero tuvo solo tres semanas para recuperar un terreno que se había movido durante meses. En una elección decidida por apenas unos 252 mil votos, esa diferencia temporal resultó suficiente para el triunfo de ADLE y para la derrota del petrismo.

Nota metodológica. El análisis combina resultados oficiales del Consejo Nacional Electoral y la Registraduría con comparaciones territoriales y sociodemográficas publicadas por La Silla Vacía y El País, además de la matriz municipal elaborada para los artículos previos de las campañas de Cepeda y ADLE. Las comparaciones 2022–2026 se realizan a nivel agregado de puestos, barrios, localidades o municipios. Expresiones como "penetración", "desplazamiento" o "migración territorial" describen cambios en la distribución agregada del voto y no transferencias individuales observadas. Este análisis de realizó con el apoyo de IA.

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¿De dónde salieron y qué significan los votos de Abelardo de la Espriella?

Abelardo de la Espriella ganó la Presidencia con casi 13 millones de votos. ¿De dónde salieron realmente y qué mecanismo político le permitió construir una coalición mucho más amplia que la derecha partidista?

Abelardo de la Espriella obtuvo 10,4 millones de votos en la primera vuelta y ganó la Presidencia tres semanas después con casi 13 millones. Entre una elección y otra agregó 2,6 millones y derrotó a Iván Cepeda por 252 mil votos. El resultado merece un análisis más profundo que afirmar simplemente que unificó a la derecha. ¿De dónde salieron realmente sus 13 millones de votos? ¿Qué mecanismo político le permitió atraerlos? ¿Y cuáles son las consecuencias de ganar con esta modalidad política?

El ejercicio para precisar la composición de los electores ADLE parte de analizar las elecciones de Senado, la Gran Consulta por Colombia y las dos vueltas presidenciales; la trayectoria de las encuestas y la campaña digital que utilizó. Los datos indican que la derecha organizada le aportó un piso grande, pero ADLE lo desbordó. Su expansión se produjo con base en un electorado adicional, que estaba marcado por fuertes percepciones de inseguridad, un rechazo al sistema político y al petrismo que generó una alta polarización, que a su vez movilizó un voto estratégico para evitar la prolongación del Pacto Histórico.

La campaña ADLE tradujo esas disposiciones en una narrativa de amenaza, autoridad y pertenencia, amplificada a través de redes, influenciadores, símbolos y con una estética de espectáculo que contribuyó a construir una coalición de facto mucho más amplia que la derecha partidista.

El punto de partida: siete millones de votos de derecha

El primer dato es la elección de Senado del 8 de marzo. Al construir una categoría de "derecha amplia" sumando Centro Democrático (3 millones), Partido Conservador (1,9), Cambio Radical-ALMA (1,3); Salvación Nacional (700 mil) y Creemos (230 mil) se obtienen 7,1 millones de votos. Este es el techo estructural de referencia para ADLE.

Esos 7,1 millones son el máximo que podían aportar aquellas organizaciones si todos sus electores hubieran convergido en él, lo que por supuesto no ocurrió. Frente a los 10,4 millones de ADLE en primera vuelta, la estructura organizada representaría alrededor del 68 % de los votos y los otros 3,3 millones (32 %) por encima de ese tamaño partidista se debe explicar. Esta brecha es un primer indicio de que ADLE, además de reunir a la derecha, incorporó otro tipo de electores.

Ejercicio a nivel municipal: 19 de 20 casos

Al hacer un ejercicio analizando la votación al Senado en veinte municipios se ve que la derecha amplia obtuvo 3 millones de votos solo en estas regiones, mientras que ADLE consiguió 4,5 millones en primera vuelta. Es decir, 1,5 adicionales al de las clientelas organizadas. Este fenómeno aparece en 19 de los 20 municipios seleccionados de una matriz de 42 casos donde había información comparable entre la votación al Senado de la "derecha amplia" y la primera vuelta presidencial. La selección incluyó regiones y comportamientos diversos y no es una muestra estadísticamente representativa. Sin embargo, contribuye al análisis.

Cúcuta es el caso extremo: 102 mil votos de derecha amplia frente a 267 mil de ADLE, una relación de 2,6 veces. En Pereira la relación llega a 2,1; en Neiva a 1,9; en Floridablanca, Yopal, Bucaramanga y Manizales rondan 1,7; y en Cali, 1,6. Medellín es especialmente significativo pues su estructura de derecha es grande: los 521 mil votos al Senado ADLE los subió a 676 mil (+ 155 mil). La regularidad del comportamiento permite concluir que la derecha fue el piso electoral de ADLE, en vez de ser su techo.

El ejercicio muestra que, en Bogotá, la derecha amplia obtuvo 1 millón de votos al Senado mientras que ADLE consiguió 1,5 millones en primera vuelta, perdiendo frente a Cepeda. En Cali ocurrió algo parecido: 231 mil votos de derecha amplia frente a 372 mil de ADLE, un excedente de 141 mil, aunque también perdió la ciudad. Estos casos muestran que existió un voto presidencial adicional incluso en los territorios que le eran políticamente adversos. Este punto es importante porque separa dos fenómenos: expansión sobre la derecha y victoria territorial. ADLE pudo crecer más allá de los partidos sin ser mayoría local.

El derrumbe de Paloma Valencia

En la Gran Consulta por Colombia del 8 de marzo, Paloma Valencia obtuvo 3,2 millones de votos y Juan Daniel Oviedo 1,3 millones. Juntos representaban un espacio de 4,5 millones. Como fórmula vicepresidencial obtuvieron 1,6 millones en la primera vuelta. Es decir, 2,9 millones menos que la suma de sus apoyos individuales en la consulta.

Sería un error adjudicar esos 2,9 millones a ADLE porque hay electores que se pasaron a Fajardo, a Cepeda, a la abstención, o que solo participaron estratégicamente en la consulta. Sin embargo, el patrón territorial es consistente con una transferencia de votos importante hacia ADLE.

En Medellín, Paloma-Oviedo sumaron 383 mil votos en la consulta mientras que ADLE obtuvo en primera 676 mil. En Bucaramanga, 87 mil frente a 198 mil; en Cúcuta, 85 mil frente a 267 mil; en Pereira, 57 mil frente a 125 mil; y en Cali, 166 mil frente a 372 mil.

El contexto emocional: una promesa de orden

Las encuestas ayudan a entender por qué ADLE recogió un electorado más allá de la derecha amplia. En febrero de 2026, la aprobación del Gobierno Petro llegó al 49 % y su desaprobación al 46 %. Sus medidas de nuevo año reactivaron su imagen (subida del 23% del salario mínimo entre otras) pero profundizaron la división del país, consolidando una corriente contra el oficialismo. (Invamer, Colombia Opina #20, febrero de 2026).

Debajo de esa división había una preocupación transversal por la seguridad. En febrero, 59 % decía que la política de Paz Total lo había hecho sentir más inseguro; 71 % que el Estado y las Fuerzas Armadas habían perdido control de territorios donde operaban grupos armados; y 53 % consideraba que Colombia estaba cerca de volver a la violencia del pasado. (Invamer, Colombia Opina #20).

En abril la percepción empeoró: 62 % decía sentirse más inseguro por la Paz Total, 74 % veía pérdida de control territorial y 58 % sentía al país cerca de regresar a la violencia. En mayo, a pocos días de la primera vuelta, 52 % creía que Colombia iba por mal camino; 41 % identificaba el orden público como el principal problema del país; y 85 % consideraba que la inseguridad estaba empeorando. (Invamer, Colombia Opina #21 y #22).

Estos indicadores son de un clima político marcado por la inseguridad, la percepción de pérdida de control y una demanda de protección. ADLE encontró allí una oportunidad: convertir una ansiedad difusa en una explicación política sencilla: el país había perdido autoridad y ofreció una respuesta igual de sencilla, recuperar la seguridad con firmeza.

El mecanismo: traducir ansiedad en autoridad, identidad y enemigo

La oferta de ADLE fue eficaz al alejarse del debate programático: construyó un mecanismo emocional de tres pasos. El primero consistió en definir una amenaza. El adversario estaba más allá de Cepeda, su campaña lo vinculó con la continuidad del petrismo, el desorden, la inseguridad y la política tradicional. Esa simplificación permitió que votantes con motivaciones distintas compartieran una misma lectura del momento: detener el petrismo.

El segundo paso fue ofrecer autoridad. La mano dura, la recuperación territorial, la exaltación de la Fuerza Pública y el lenguaje de determinación, para conectar con el problema que las encuestas mostraban como principal. Un análisis de LLYC sobre 26 mil publicaciones y entrevistas digitales ubicó a ADLE y Paloma Valencia entre quienes daban mayor centralidad a la seguridad, con énfasis en control territorial, fortalecimiento de la Fuerza Pública y acciones contundentes contra el crimen organizado. (LLYC, Escenarios de gobierno de candidatos presidenciales 2026).

El tercer paso fue convertir el apoyo en identidad. El tigre, la venia militar, la camiseta amarilla y expresiones como "los nunca", "los de siempre" y "Patria Milagro" funcionaron como símbolos de reconocimiento. Más que reproducir literalmente el discurso de campaña, interesa su función política: permitir que el votante se identificara con una comunidad enfrentada a un adversario.

La apelación emocional parece haber sido más fuerte entre electores menos ligados a estructuras partidistas. Andrei Roman, CEO de AtlasIntel, explicó que ADLE alcanzaba niveles altos de entusiasmo entre votantes de derecha y que su desempeño emocional era fuerte entre votantes de menores ingresos y clase media baja. También señaló que superaba a Paloma en varios de esos segmentos. (Semana, 9 de junio de 2026).

Esto ayuda a interpretar el 32 % de expansión sobre la estructura sin que ese 32 % pueda clasificarse enteramente como "voto emocional"; significa que la emoción fue uno de los mecanismos de persuasión que contribuyó a transformar votantes disponibles en votantes efectivos.

Redes sociales: la infraestructura que desbordó a los partidos

Las redes redujeron la dependencia de los intermediarios partidistas entre candidato y votante. ADLE se apoyaba territorialmente en políticos y organizaciones tradicionales y al mismo tiempo, se presentaba como alguien distinto de ellos. En segunda vuelta, el candidato hacía visibles los apoyos de celebridades del deporte y el entretenimiento, mientras evitaba convertir en protagonistas de su comunicación a los dirigentes de los partidos que lo respaldaban. Esa combinación le permitía beneficiarse de estructura política sin asumir su carga simbólica.

En digital, la campaña privilegió piezas cortas, lenguaje emocional, influenciadores, inteligencia artificial y contenidos diseñados para circular con rapidez. Varios expertos describieron, además, el papel de cuentas secundarias y creadores de contenido en la instalación de narrativas y en la generación de conversación antes de la intervención directa del candidato.

La diferencia con Cepeda también fue formal. ADLE duró meses adaptado al lenguaje de los formatos breves, mientras Cepeda privilegió discursos y piezas largas y solo reforzó el uso de videos cortos después de la primera vuelta. El punto analítico no es que una estrategia fuera intrínsecamente superior, sino que la de ADLE estuvo mejor ajustada a la lógica de circulación de las plataformas.

El valor político de las redes se expresó en cuatro aspectos: desintermediar a los partidos; segmentar mensajes por audiencia; convertir símbolos en contenido repetible; y transformar seguidores en amplificadores. La campaña física reforzó el mismo ecosistema. Los actos con música, pantallas, tigres, fuegos artificiales, drones y coreografías repetidas en distintas ciudades fueron el mecanismo. Esos elementos producían imágenes de fácil reutilización en las plataformas digitales.

La secuencia de las encuestas: de candidato fuerte a voto útil de la derecha

La trayectoria de AtlasIntel para Semana muestra el proceso de concentración. ADLE era competitivo antes de la consulta de la derecha, sin depender de una transferencia tardía desde Valencia-Oviedo. Las cifras corresponden a mediciones publicadas entre enero y mayo de 2026: en enero, ADLE tenía 28 % frente a 5 % de Paloma Valencia — ADLE ya lideraba el espacio opositor. En febrero, 32 % frente a 4 % — ADLE mantenía la ventaja antes de la consulta. En abril, 30 % frente a 21 % — la consulta impulsó a Paloma, pero ADLE conservó un piso alto. El 15 de mayo, 33 % frente a 17 % — empezaba la concentración alrededor de ADLE. Y entre el 18 y el 21 de mayo, 37 % frente a 14 % — la viabilidad aceleró el voto útil hacia ADLE.

El dato más importante es que Paloma tuvo un salto después de ganar la consulta, sin desplazar a ADLE como mejor alternativa. Cuando las encuestas comenzaron a mostrar que era ADLE quien tenía mayores posibilidades de pasar a segunda vuelta, la lógica de identidad se combinó con una lógica estratégica.

Por eso el crecimiento final puede interpretarse como un proceso de concentración: primero ADLE construyó un electorado propio; luego resistió el momento de Valencia-Oviedo; y finalmente absorbió parte de ese espacio cuando la competencia dejó de ser "qué candidato de derecha prefiero" y pasó a ser "quién puede derrotar a Cepeda-Petro".

¿Cuánto fue estructura y cuánto expansión?

Los datos ayudan a establecer órdenes de magnitud. El piso potencial de la derecha organizada era de 7,1 millones de votos, alrededor del 68 % de los 10,4 millones de ADLE en primera vuelta. Es un techo estructural de referencia, no una transferencia efectiva. La expansión por encima de la estructura fue de 3,3 millones, en primera vuelta. Dentro de esta expansión se superponen transferencia desde Valencia-Oviedo, voto personal por ADLE, antipetrismo, demanda de orden, electores independientes y ciudadanos atraídos por la viabilidad de su candidatura. Con los datos disponibles no es posible repartir ese 32 % en porcentajes precisos.

La campaña digital, la apelación emocional y la narrativa de autoridad son mecanismos que ayudan a explicar cómo parte de esos electores potenciales se convirtieron en voto efectivo; no constituyen segmentos nuevos que puedan sumarse aritméticamente a la estructura.

La segunda vuelta: otros 2,6 millones

ADLE pasó de 10,4 millones a 13 millones: agregó 2,6 millones. La fórmula Valencia-Oviedo obtuvo 1,6 millones en primera vuelta y Sergio Fajardo 1 millón; en conjunto, 2,7 millones. Ese universo es apenas unos 56 mil votos mayor que el crecimiento exacto de ADLE entre vueltas. La coincidencia es notable, pero concluir que todos los votantes de Valencia-Oviedo y Fajardo pasaran a ADLE sería un error. Cepeda también creció, hubo nuevos votantes y movimientos en ambas direcciones. Esta última capa puede definirse como voto estratégico de segunda vuelta: electores que, sin haber elegido a ADLE como primera opción, lo prefirieron frente a Cepeda.

Los contraejemplos también cuentan la historia

Montería es un contraejemplo importante de la muestra. Allí la derecha amplia obtuvo 99 mil votos, pero ADLE solo 88 mil en primera vuelta. Es el único de los veinte municipios estudiados donde su candidatura presidencial quedó por debajo de la estructura partidista.

Santa Marta ofrece otro matiz: ADLE superó a la estructura con 79 mil votos frente a 57 mil, pero Cepeda ganó con amplitud la ciudad. Soacha presenta el mismo fenómeno: 43 mil votos de derecha amplia frente a 73 mil de ADLE, pero Cepeda obtuvo alrededor de 140 mil.

Estos casos muestran que estructura, expansión, persuasión emocional y victoria territorial no son sinónimos. El mecanismo de ADLE fue poderoso, pero operó con distinta intensidad en cada geografía.

La respuesta: ADLE produjo una coalición, no la heredó

¿De dónde salieron, entonces, los votos de Abelardo de la Espriella? Primero, de la derecha tradicional, pero su votación fue más amplia. La estructura partidista le proporcionó un piso electoral sobre el que ADLE absorbió una parte significativa de electorado adicional que en marzo había acompañado a Valencia-Oviedo. Al mismo tiempo incorporó votantes independientes, antipetristas y electores movilizados por la percepción de inseguridad y pérdida de control.

Lo decisivo es que la campaña produjo esa convergencia. Políticamente convirtió la inseguridad en demanda de autoridad; la demanda de autoridad en identidad patriótica; esta identidad en símbolos fáciles de reproducir; y las redes sociales en un sistema de distribución de esos símbolos. El resultado fue una combinación de estructura y desintermediación aparentemente contradictoria, pero eficaz electoralmente. Recibir el apoyo de la política tradicional mientras se presenta como alguien distinto de "los de siempre", dio resultado.

En 19 de los veinte municipios comparables, su votación presidencial fue mayor que toda la estructura de derecha amplia. Nacionalmente, la brecha entre ese bloque y la votación ADLE de primera vuelta es de 3,3 millones. Y en segunda sumó otros 2,6 millones.

La victoria ADLE significa mucho más que la reunificación de la derecha. Fue la construcción de un bloque presidencial de 13 millones de electores mediante una secuencia de estructura, expansión, concentración y voto estratégico, acelerada por una campaña que entendió la importancia política de las emociones y la atención. El resultado plantea una pregunta para las elecciones locales o nacionales: hasta qué punto esta coalición, menos dependiente de identidades partidistas estables, se puede reproducir. Y frente al ejercicio del gobierno, habrá que analizar hasta qué punto ese electorado multifacético que construyó para ganar, lo va a acompañar ya en desarrollo de su propia agenda, porque una vez derrotado el petrismo, las variables de apoyo cambian, y el Pacto Histórico vuelve al oficio que mejor maneja: la oposición.

Nota metodológica. Las categorías utilizadas son analíticas y parcialmente superpuestas. La categoría "derecha amplia" comprende Centro Democrático, Partido Conservador, Salvación Nacional, Creemos y Cambio Radical–ALMA. Los datos agregados permiten identificar patrones territoriales y órdenes de magnitud, pero no el voto individual ni demostrar causalmente una transferencia. Los indicadores de inseguridad, percepción de violencia y rumbo del país se usan como aproximaciones al clima emocional, no como mediciones psicológicas directas de miedo, ira o ansiedad. Este análisis fue realizado con apoyo de IA.

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Los 12,7 millones de Cepeda: ¿cuánto es del Pacto Histórico?

No todos los votos de Iván Cepeda en la segunda vuelta fueron un bloque unificado de izquierda. Un análisis de los tres electorados distintos que componen esos 12,7 millones de votos.

Iván Cepeda perdió la segunda vuelta presidencial con 12.7 millones de votos, un 48,7% frente al 49,66% de Abelardo de la Espriella. Esta cifra a la izquierda le gusta leerla como un bloque único, "el voto de izquierda" o "el electorado del Pacto Histórico". No lo es. Detrás de esos votos hay por lo menos tres electorados distintos, con motivaciones distintas. Solo una fracción votó por convicción con el Pacto Histórico, el resto lo hizo solo porque había un candidato de derecha que deseaba bloquear.

Separar esos electorados con precisión exigiría una encuesta que pregunte el motivo del voto, o un cruce de resultados mesa por mesa entre las cuatro elecciones del ciclo. Ninguna de las dos herramientas está disponible en este momento. Pero si están los resultados de cuatro eventos electorales sucesivos, cada uno con un universo de votantes distinto, que permiten construir una aproximación razonable de cómo se compuso ese voto.

El método: cuatro elecciones, cuatro capas

El Pacto Histórico y su candidato pasaron cuatro pruebas electorales en nueve meses: la consulta interna en octubre de 2025, en la que Cepeda venció a Carolina Corcho con 1 millón 500 mil votos; la votación al Senado del 8 de marzo de 2026, en la que la lista del Pacto obtuvo 4.4 millones y se convirtió en la primera fuerza del Congreso; la primera vuelta presidencial del 31 de mayo, en la que Cepeda sumó 9.6 millones compitiendo contra otros doce candidatos; y la segunda vuelta del 21 de junio.

Cada una de las cuatro cifras es más alta que la anterior, y cada incremento tiene un significado distinto. La consulta interna mide al electorado que se moviliza por el Pacto Histórico específicamente, sin que hubiera ese día ningún candidato de derecha al que derrotar: es la aproximación más cercana a la militancia y la simpatía dura del partido. El salto hasta el Senado (2,8 millones de votos adicionales) añade el voto de aparato y de las estructuras regionales de los partidos de la coalición que se pegaron, que no necesariamente se movilizan para una consulta interna pero sí votan la lista en marzo. El salto hasta la primera vuelta (5,2 millones más) es voto de opinión atraído por Cepeda como candidato, en un campo abierto de trece opciones, sin la urgencia de bloquear a nadie. Y el salto hasta la segunda vuelta de 3 millones más, corresponde exclusivamente al paso de una contienda con trece opciones a una de solo dos.

Ese último incremento es el dato central de este análisis, porque es el único de los cuatro que solo puede explicarse por la existencia de Abelardo de la Espriella como rival. No es una medición perfecta porque mezcla a electores que votaron por otro candidato en primera, con electores que no habían votado en mayo, pero sí lo hicieron en junio, y compensa cualquier fuga de votantes de Cepeda entre las dos vueltas. Aun así, es la mejor cifra para calcular para lo que se llama voto estratégico o "voto útil".

Los tres bloques

Al aplicar ese método, los 12.7 millones de votos de Cepeda en segunda vuelta se dividen así: 4.4 millones (34,7%) corresponden al electorado estructural del Pacto Histórico y sus aliados, medido por su propia votación al Congreso dos meses y medio antes. Luego, 5.2 millones (41,5%) corresponden a un progresismo ampliado que no se refleja en el voto de aparato pero que ya había elegido a Cepeda en la competencia de primera vuelta. Y 3 millones (23,8%) son el incremento específico en la segunda vuelta, el nivel donde se concentra el voto estratégico (útil) y el rechazo a De la Espriella.

Esto quiere decir que cerca de tres de cada cuatro votos por Cepeda en la elección que perdió ya eran suyos antes de que la contienda se redujera a dos nombres en la segunda. Y quiere decir también que uno de cada cuatro se le sumó específicamente por la existencia de Abelardo De la Espriella como alternativa. En este último bloque de 3 millones hay al menos dos fenómenos distintos que con los datos disponibles no se pueden separar: los electores de centro cuyo candidato de primera vuelta (Sergio Fajardo, Paloma Valencia) no llegó a segunda y optaron por Cepeda como la opción para derrotar a De la Espriella (voto útil, en sentido estricto). Y los electores sin afinidad particular con Cepeda ni con su candidato de origen (Petro), movilizados para impedir la elección de Abelardo De la Espriella.

Una encuesta de Guarumo/Ecoanalítica previa a la segunda vuelta ofrece una pista cualitativa: sugiere que la mayoría de los votantes de Paloma Valencia se fueron con De la Espriella, mientras que los de Sergio Fajardo se repartieron de forma pareja entre los dos candidatos. Eso apunta a que el componente de voto útil "de centro" dentro de esos 3 millones fue relativamente menor, y que la mayor parte de ese bloque marginal es rechazo puro a De la Espriella o movilización de electores que no habían votado en mayo. Convertir esa pista en una cifra para saber cuánto corresponde a lo uno y a lo otro, exigiría datos que requieren una encuesta con la pregunta del motivo del voto, o un cruce de resultados por municipio entre primera y segunda vuelta.

Lo que confirma la geografía

Un cruce adicional con los resultados de la segunda vuelta desagregados por los 1.189 municipios del país ayuda a poner en contexto el 34,7% del electorado estructural del Pacto. Si ese número refleja sobre todo una base de partido tradicional y territorial, debería ser fuerte en los municipios pequeños, donde se concentra el voto de la maquinaria regional. Ocurre lo contrario: en los 428 municipios de menos de 10.000 habitantes, Cepeda obtuvo apenas el 35,4% de la votación bipartidista, su peor resultado en cualquier categoría de tamaño. A partir de los 30.000 habitantes la contienda queda prácticamente empatada, con una leve ventaja de Cepeda en las cinco ciudades de más de un millón de habitantes (52,4%). La fuerza estructural del Pacto Histórico no se reparte de forma pareja en el territorio rural, se concentra regionalmente en el Pacífico, el Caribe y algunas capitales, y es débil en el resto del país rural y de municipios intermedios.

Un punto de comparación

La proporción de crecimiento de Cepeda entre la primera y la segunda vuelta (31,2%) es casi igual a la que tuvo Gustavo Petro en 2022 (32,3%), cuando sí ganó la presidencia. La diferencia radica en que De la Espriella consolidó una porción más completa del electorado disperso de centro y derecha no alineado con el Pacto, con el voto útil o estratégico contra Petro encarnado en Cepeda. Es el bloque que en primera vuelta se repartió entre Paloma Valencia, Sergio Fajardo y otros candidatos menores, que fue superior al que logró Rodolfo Hernández frente a Petro cuatro años atrás.

Qué queda claro y qué no

Lo que este ejercicio permite concluir con relativa seguridad es que el Pacto Histórico tiene un electorado estructural real, medible, de 4,4 millones de votos, y que la candidatura de Cepeda amplió ese electorado con 5 millones de votantes progresistas que no necesariamente se identifican con el aparato del partido. Juntos, estos dos bloques suman el 76,2% del total y constituyen un piso electoral de izquierda que no depende de las circunstancias de una segunda vuelta específica.

Lo que no se puede afirmar sin más información, es cuánto del último bloque (3 millones que aparecieron solo cuando la elección se redujo a dos figuras) fue voto útil de centro y cuánto fue rechazo puro a De la Espriella. Ambos existen, ambos importan para entender qué tan replicable es esa coalición en una próxima elección sin De la Espriella como rival. Ambos exigen, para cuantificarlo con rigor, algo que hoy no se ha hecho para esta elección: una encuesta postelectoral con la pregunta directa sobre el motivo del voto.

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Sesión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas

Una oportunidad para América Latina en manos de Colombia

Mientras la atención está puesta en la recuperación tras el terremoto, Colombia tiene en sus manos, como miembro del Consejo de Seguridad, una responsabilidad silenciosa: participar en la elección del próximo secretario general de la ONU.

Sesión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas

En medio de las revelaciones sucesivas de tantos dramas derivados del terremoto, ha sido alentador reconocer la solidaridad de los colombianos para rescatar, atender, acompañar y reconstruir tanto daño humano y material. El Gobierno, apenas asumiendo, con su promesa de orden, seguridad, confianza y recuperación del lugar de Colombia en el mundo, se enfrenta con esa gran emergencia. Es una prueba de Estado: coordinar autoridades, movilizar recursos, recibir cooperación calificada, rendir cuentas y reconstruir sin reproducir vulnerabilidades. Es un reto para cualquier gobierno enfrentar y resolver una emergencia de esta magnitud.

Ese reto coincide con otras responsabilidades que le corresponden al nuevo gobierno. Una a la que poco interés se le presta en Colombia, es que al ser miembro del Consejo de Seguridad, en su segundo y último año, Colombia participa con voz y voto en la selección de la persona que conducirá la Secretaría de las Naciones Unidas durante los próximos cinco años. La nueva secretaria (o secretario general) estará al frente del conjunto de oficinas y departamentos del Secretariado, así como de las agencias, fondos y programas de la ONU, que por mucho que se las critique tienen gran importancia global.

La administración Petro hizo público su respaldo a la candidatura de la expresidenta chilena Michelle Bachelet. El nuevo Gobierno tiene por supuesto la legitimidad para revisar o confirmar esa decisión. Muchos esperamos que la mantenga como decisión de Estado que confirmaría que Colombia cumple lo que promete, más allá de sus litigios políticos internos. Lo que de todas formas es importante es que Colombia confirme que el cambio de Gobierno y de posición frente a la seguridad y las relaciones con Estados Unidos, no implique renunciar a la condición de país latinoamericano ni desconocer los preacuerdos para que al frente de la ONU esté una mujer de América Latina y el Caribe.

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José Luis Rodríguez Zapatero

El expediente Zapatero: cuando la mediación se vuelve deuda

El expediente por presunto tráfico de influencias contra el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero lleva veinte años en construcción. ¿Es una acción natural de la justicia o una operación política?

José Luis Rodríguez Zapatero

El expediente contra José Luis Rodríguez Zapatero se empezó a tejer desde 2004, cuando el nuevo presidente socialista ordenó retirar las tropas españolas de Irak apenas horas después de su investidura. Washington lo tildó de traidor en la guerra contra el terrorismo. El expediente creció con el proceso de desmovilización de la ETA, que la derecha consideró una concesión a criminales, y siguió nutriéndose con sus visitas a Cuba y Venezuela como mediador internacional desde 2014, y con su cercanía posterior a China a través del think tank Gate Center, fundado en 2022.

Zapatero retiró las tropas de Irak en cuestión de semanas y nunca se arrepintió; reforzó su posición reivindicando su gesto de permanecer sentado durante un desfile militar estadounidense cuando aún era candidato. Impulsó también el levantamiento de la posición común europea hacia Cuba, lo que le costó ser acusado de "extraordinaria deslealtad" por el gobierno del PP.

El capítulo que más pesa en el expediente es el fin de ETA por la vía del diálogo: en 2006 el gobierno de Zapatero abrió negociaciones con apoyo de Cuba y Noruega, que sobrevivieron incluso a un atentado en el aeropuerto de Barajas, y culminaron en 2011 con el cese de la actividad armada de la banda. La derecha nunca perdonó que desactivara esa organización por la vía política.

Desde 2014 Zapatero se convirtió en el mediador internacional más visible con el chavismo, un papel que Washington quiso instrumentalizar para sacar a Maduro del poder y que, al no lograrlo, terminó volviéndose en su contra. Su cercanía con China —reuniones con el Instituto Popular Chino de Asuntos Exteriores y visitas a ferias tecnológicas— también lo puso en la mira de sectores conservadores de Washington, al punto de que un senador republicano lo describió públicamente como parte del "engranaje China-Rusia-Venezuela".

La imputación más reciente de la Audiencia española gira en torno a unos honorarios de asesoría —cerca de 500.000 euros— que Zapatero cobró de aerolíneas que accedieron a créditos públicos europeos durante la pandemia. El expediente sugiere sin pruebas documentadas que pudo haber tráfico de influencias o manejo de fondos de origen chavista. Para la militancia socialista y el gobierno de Pedro Sánchez, el verdadero objetivo del expediente es minar la legitimidad del pacto de investidura de Sánchez con el independentismo catalán, en un momento en que la derecha necesita debilitar al PSOE.

El gobierno de Zapatero (2004–2011) nunca tuvo un escándalo de corrupción. Su problema con la derecha no es de honestidad sino de influencia: es un estadista que cree en el diálogo como método, que prefiere acercarse a China antes que inventarla como enemigo, y que cuestiona públicamente las guerras de Washington. En esa disputa, el golpe recae hoy sobre el PSOE y el gobierno de Pedro Sánchez, del que Zapatero es uno de sus principales respaldos internacionales.

La nueva guerra antidrogas de Trump

La nueva guerra antidrogas de Trump y el dilema estratégico de América Latina

La nueva estrategia de Trump redefine la lucha antidrogas como una amenaza de seguridad nacional, según el general (r) Óscar Naranjo. Habrá más poder militar involucrado y menos enfoque judicial.

La nueva guerra antidrogas de Trump

Desde los años ochenta, la lucha contra las drogas en América Latina oscila entre la represión y los intentos, siempre tímidos, de desarrollar enfoques alternativos. Hoy esa tensión entra en una nueva fase con la redefinición que hace la administración Trump del narcotráfico como una amenaza a la seguridad nacional, dejando atrás el tratamiento del tema como un asunto criminal o de salud pública.

Ese giro implica otras reglas de juego, otros actores y consecuencias serias para la región: más despliegue militar, menos judicialización, y una lógica de "neutralizar" y "aniquilar" en lugar de investigar y procesar. Es el punto de partida de las reflexiones que el general (r) Óscar Naranjo —con 34 años de experiencia enfrentando al crimen organizado en Colombia y otros países— comparte en conversación con Ramón Jimeno.

El "corolario Trump" y el retorno de la tutela hemisférica

En conversación con Ramón Jimeno, el exvicepresidente y general (r) Óscar Naranjo analiza cómo cambió el crimen organizado y los efectos de la estrategia de Estados Unidos de militarizar la lucha contra el narcotráfico.

La nueva doctrina de seguridad de Trump para la región viene con su propio lenguaje: "neutralizar carteles", "reforzar la presencia militar", "asegurar las fronteras", "ampliar los despliegues navales", "aniquilar al enemigo". Es una arquitectura de seguridad unilateral, lejos de cualquier política de cooperación, diseñada a partir de una hipótesis tan simple como peligrosa: que los carteles "solo pueden ser derrotados con poder militar".

El general (r) Óscar Naranjo Trujillo, exvicepresidente de Colombia, conversa con Ramón Jimeno sobre cómo se transformó el crimen organizado y sobre los límites de esta estrategia. Analiza cómo las bandas criminales se volvieron mucho más potentes y sofisticadas, y advierte que las fronteras entre la economía legal y la ilegal desaparecieron, lo que hace que la respuesta puramente militar difícilmente pueda contener las nuevas amenazas.

Deslegitimar a Petro

Deslegitimar a Petro para ganar las elecciones

Declarar a Gustavo Petro "objetivo prioritario" de la DEA a dos meses de las elecciones presidenciales indica que Washington quiere decidir el resultado por la vía de la duda reputacional y el miedo.

Deslegitimar a Petro para ganar las elecciones

El escudo defensivo que quieren montar los sectores más obtusos del Partido Republicano implica contar con el beneplácito de gobiernos latinoamericanos que consideren la genuflexión un gesto de nobleza y los derechos humanos una aberración de las democracias liberales. Los presidentes díscolos ni les gustan ni les sirven.

Declarar a Gustavo Petro objetivo prioritario de la DEA a dos meses de las elecciones busca criminalizar la imagen del líder del Pacto Histórico, afectar su reputación y deslegitimar su liderazgo, para hacer dudar al electorado blando que suele decidir a última hora, e incidir en cómo lo perciben los dirigentes internacionales que lo consideraban un estandarte del progresismo.

La duda reputacional que siembra Washington genera aislamiento y miedo: miedo a represalias norteamericanas si se elige a un sucesor cercano a Petro, miedo a que regresen al poder voceros de bandas criminales como en épocas pasadas, miedo a que el cerco militar, comercial y financiero aplicado a Venezuela y Cuba llegue también a Colombia, miedo a que suban los aranceles a las exportaciones lícitas o a que se expulse a miles de colombianos dejando a sus familias sin remesas.

La extracción de Nicolás Maduro

La extracción de Nicolás Maduro: ¿una nueva era para la región?

Ramón Jimeno analiza para Cambio los efectos de la salida de Nicolás Maduro del poder en Venezuela, el panorama petrolero con Estados Unidos y las consecuencias que esto puede traerle a Colombia.

La extracción de Nicolás Maduro

Tras la salida de Nicolás Maduro del poder empieza la lenta y difícil tarea de constituir un equipo capaz de gobernar Venezuela y con la fuerza necesaria para reformular el Estado y reactivar la economía petrolera. Los obstáculos son enormes: se requieren acciones militares, políticas y económicas coordinadas para consolidar un ejecutivo funcional.

Lograr estabilidad es indispensable para iniciar la nueva era, lo que exige diálogo y voluntad para llegar a acuerdos entre las facciones con poder en ambos bandos. Dentro del chavismo-madurismo y de la oposición hay divisiones y matices frente al camino a seguir: unos se distancian por ideología, otros se volvieron enemigos cuando perdieron recursos, oportunidades o patrimonios, o fueron víctimas de la paranoia del gobernante que se inventaba enemigos para mantenerse en el poder. Muchos terminaron en la cárcel, exiliados, empobrecidos o colaborando con el propio gobierno que después los perseguiría.

En ese contexto, pasar del odio a la reconciliación para formar un gobierno de transición —como el que necesita Venezuela— es una tarea compleja, que definirá si la región entra o no en una nueva era.

El GEA sigue en la esquina del ring y no encuentra la salida

Tras el esfuerzo de los Gilinski para comprar acciones suficientes y controlar las empresas del GEA, se expresa la superabundancia de capital de riesgo en el mundo y la precariedad de la economía colombiana.

Tras el esfuerzo de los Gilinski para comprar acciones suficientes y controlar las empresas del GEA, se expresa la superabundancia de capital de riesgo en el mundo y la precariedad de la economía colombiana. Mientras hay 450 billones de dólares en efectivo de capital de riesgo disponibles para financiar startups o invertir en compra de industrias (The Economist, noviembre 26) en Colombia una operación de apenas 3 mil millones de dólares amenaza con desintegrar al principal grupo económico del país y alterar el balance de poder interno.

Los ejecutivos y accionistas del GEA tratan de minimizar el poder de los Gilinski, queriendo desconocer que están asociados a capitales gigantescos, que tienen acceso a ellos, y que desde hace más de veinte años se mueven en las intrincadas redes del mercado financiero internacional con bastante éxito. Este es un error de partida, porque como en toda crisis si se quiere salir airoso lo primero es hacer un diagnóstico acertado de la situación que los amenaza a partir de información cierta y no de suposiciones parroquiales.

El GEA necesita desactivar las OPAs si quiere sobrevivir. Sin embargo la evidente sorpresa, la improvisación en las respuestas y la falta de estrategia defensiva que han exhibido sus voceros, hace evidente que no contemplaron un escenario de crisis como el que planteó Gilinski. Mientras en las grandes empresas globales se saben rodeados de capitales leones listos a lanzar el ataque, aquí parece que los antioqueños se durmieron en el bosque mientras los leones estudiaban con paciencia sus movimientos, preparando el zarpazo.

En el mundo global, el exceso de capital de riesgo disponible hace que las empresas que generan valor elaboren sofisticadas estrategias para evitar las tomas hostiles, o aprovechan la situación para provocar uniones, fusiones y ventas parciales. A las Juntas Directivas les corresponde contemplar esos planes, tanto las posibilidades de crecer como la forma de protegerse ante una toma hostil. Pero parece que nunca pensaron que a alguien le interesaría comprarlos.

Por supuesto los Gilinski estudiaron la toma al detalle hasta que encontraron la forma de penetrar las murallas medievales del GEA sin necesidad de derribarlas. Como no se trata de un grupo industrial sino en esencia de un grupo familiar de negocios financieros, es probable que parte de la estrategia consista en vender empresas como Nutresa o Sura a multinacionales globales, o fusionarlas, algo similar al modelo que usó AB Inbev para adquirir SAB Miller.

Los accionistas y las juntas de las empresas del GEA podrían asesorarse de los asesores de la familia Santo Domingo, que se conectó desde muy temprano a las redes de la economía global y entendió bien los negocios de esta época. Por esa razón la defensa del GEA parece ingenua: pedir a las agencias del Estado que revisen la operación o tratar de tumbarla con acciones legales o presiones políticas ayuda poco en estos escenarios, salvo que se trate de tomas que generen monopolios o riesgos para la seguridad nacional — que no es el caso.

Jaque al poder de las élites antioqueñas

Como si fuera poco el conflicto que las élites antioqueñas tienen con su alcalde, ahora se enfrentan a un jaque serio ante el intento de toma que lanzaron los Gilinski para controlar Nutresa.

Como si fuera poco el conflicto que las élites antioqueñas tienen con su alcalde, ahora se enfrentan a un jaque serio. Las redes del poder económico antioqueño están desconcertadas ante el intento de toma que lanzaron los Gilinski para controlar Nutresa. Es una OPA que va más allá del usual objetivo de adquirir un buen negocio: es un esfuerzo que removió los andamiajes del GEA, rompe las redes de las élites antioqueñas y pone en jaque la continuidad del grupo como tal.

El mecanismo del enroque o del intercambio de acciones entre las cien empresas afiliadas al GEA, que los defendió de tomas hostiles, se convirtió en la fórmula que le permitiría a Gilinski entrar al entramado empresarial con solo adquirir el 51% de Nutresa. Es probable que se durmieran en los laureles y que con el tiempo cayeran en el abuso de sus socios minoritarios, que es la herida por la que penetra la OPA: el valor de la acción de Nutresa estaba por debajo de lo que realmente vale.

Esa subvaloración tiene incómodos, divididos y perplejos a muchos accionistas del GEA. La OPA puso al descubierto esa particular forma de tratar a los accionistas minoritarios, resquebrajando la confianza entre las partes y facilitando la venta a Gilinski, que ofrece una prima cercana al 37% sobre el valor real.

Para defenderse, los controladores del GEA deberían subir el precio al menos un 5%, buscar un socio estratégico que inyecte recursos —como anunció Sura— o endeudarse en una cifra superior a los 1.500 millones de dólares, lo que afectaría gravemente sus cifras de gestión. Y aun si lograran una contraoferta, se enfrentarían a la hiperliquidez del Grupo de Abu Dhabi, socio de los Gilinski, cuya billetera les permite superar cualquier oferta sin mayor costo ni riesgo.

El triunfo de la llave Gilinski–Abu Dhabi tendría consecuencias para el resto de empresas que consolidaron las élites antioqueñas —Argos, Sura, Celsia, Bancolombia, Protección— y significaría el fin del sistema de defensa empresarial que ideó Nicanor Restrepo, el enroque, inspirado en el keiretsu japonés. El telón sigue arriba y el desenlace está por verse: el jaque está planteado.

La tarea de gobernar lo ingobernable

Pocas dudas quedan sobre la crisis de la democracia occidental. No tanto por los dos finalistas colombianos llamados a salvar la patria, sino porque a Putin le pareció oportuno anunciar el fin del dominio de occidente y su decadente sistema.

Pocas dudas quedan sobre la crisis de la democracia occidental. No tanto por los dos finalistas colombianos llamados a salvar la patria tanto de Duque como del uribismo, sino porque a Putin le pareció oportuno anunciar el fin del dominio de occidente y su decadente sistema. Esa es la base de su filosofía política, que justifica la toma de riquezas y rutas de Ucrania: recuperar el antiguo imperio para la corte del nuevo zar. En África y América Latina el fracaso económico del modelo llevó a las izquierdas y los populismos al poder, en busca de un modelo que aún no se vislumbra.

Europa y Estados Unidos reaccionaron con el protocolo usual de sanciones, bloqueos y aislamientos. Pero la eficacia de las sanciones es baja: la guerra sigue, los rusos avanzan y la destrucción de la infraestructura ucraniana es casi total. Cuba lleva sesenta años de bloqueo y sigue firme; Maduro sigue ahí a pesar de dos décadas de sanciones; los iraníes siguen sus desarrollos nucleares. El tío Sam ya no es ni sombra de la potencia que fue, y chinos, árabes e indios recorren el mundo en busca de los negocios que los norteamericanos desprecian o para los que ya no son competitivos.

El efecto en Colombia es importante: la reapertura de relaciones con Venezuela que emprenderá el nuevo gobierno pondrá fin a la ingenua política exterior de Duque. El mundo estaba organizado alrededor de los intereses de las élites de occidente, hasta que los olvidados retaron las bases de ese orden. Surgieron las extremas derechas bajo formas populistas, ganando el poder en Estados Unidos, Brasil e India, entre otros países.

Curiosamente, cuando la humanidad logró su más alto nivel de educación y desarrollo tecnológico, es cuando toma las decisiones más estúpidas y elige a los gobernantes más incultos e impreparados. En el nuevo polo dirigido por los chinos, los valores y principios de las democracias carecen de importancia; son sociedades que nunca han disfrutado las libertades burguesas y que consideran las elecciones un constante desajuste.

¿Qué implicaciones tendría para el gobierno colombiano ese cambio global si los rusos y chinos tienen razón? Para Estados Unidos, América Latina cada día tiene menor relevancia: deja de ser un factor de desarrollo y estabilidad para convertirse en la puerta de salida de migrantes que no encuentran oportunidades en sus territorios. Asumir compromisos militares, económicos o políticos para defender las democracias latinoamericanas carece de importancia para Norteamérica. Hay que ayudarle al nuevo gobierno a pensar en cómo se inscribe en el nuevo concierto mundial.

Petro, Gutiérrez y el uso del poder militar

Los episodios en Putumayo con la muerte fuera de combate de civiles, los ataques fatales contra soldados y el asesinato continuo de líderes sociales confirman que el conflicto se renovó — pero civiles y fuerza pública mantienen las estrategias del pasado.

Los episodios en Putumayo con la muerte fuera de combate de civiles, los ataques fatales contra soldados, la creciente inseguridad urbana y el asesinato continuo de líderes sociales y exguerrilleros confirman que el conflicto se renovó. Sin embargo, dirigencia civil y fuerza pública mantienen las estrategias del conflicto anterior evitando reformas para enfrentar los retos actuales. Uno de los candidatos presidenciales cree que la exclusión social es el origen del problema; el otro, que el narcotráfico es la causa de todos los males — pero ambos guardan silencio frente a las reformas del poder militar y de policía que se necesitan.

La reforma de la fuerza pública asusta a la dirigencia del país, como si fuera una institución infalible e intocable. Existen estudios y expertos para pensar una nueva política de seguridad y una nueva doctrina del uso de la fuerza, que sume el conocimiento de los mandos militares con el de los civiles expertos en asuntos sociales, políticos y de geopolítica.

En el programa de Petro el tema militar y de policía pasa casi en blanco, salvo por el fin del servicio militar obligatorio. Gutiérrez, por su parte, advierte que actuará como en Medellín, donde patrulló con altísimos costos sin resultados positivos; en sus cuatro años de alcaldía aumentó de manera considerable la inseguridad.

Actualizar la forma como la fuerza pública enfrenta la cadena del narcotráfico es inaplazable, así como buscar la legalización que acabe con la rentabilidad del negocio y le quite poder de fuego a los carteles. Colombia, como víctima de la mala guerra contra las drogas, tiene la autoridad moral para promover la legalización de la coca.

Frente al auge de la delincuencia urbana es necesario sustraer a la policía de la sombrilla militar para que piense con autonomía en su objetivo civil. Y frente a la protesta social legítima, la policía necesita una nueva doctrina que evite la militarización excesiva que se ha revertido en muchos países por sus costos en vidas y heridos.

La modernización del concepto de soberanía también está en la lista del olvido de las campañas: consiste en garantizar que los recursos naturales del país se protejan y se usen de manera adecuada, frente a las bandas ilegales que se disputan su explotación y frente a amenazas externas como las de Nicaragua sobre la plataforma marítima del archipiélago. Estos son algunos de los temas en los que hace falta la voz de los candidatos.

Es tarde para el capitalismo del Siglo XX y temprano para el del XXI

La batalla del Grupo de Abu Dhabi y los Gilinski para controlar el GEA es el reflejo de la forma como el capital financiero se mueve en los mercados globales para apropiarse de riquezas sin consideración humanitaria alguna.

La batalla del Grupo de Abu Dhabi y los Gilinski para controlar el GEA es el reflejo de la forma como el capital financiero se mueve en los mercados globales para apropiarse de riquezas sin consideración humanitaria alguna. La dupla compradora tiene garantizadas utilidades logren o no el control, ya sea revendiendo a mayor valor las acciones compradas, o haciéndose socios de un gran número de empresas del GEA —gracias al enroque— con un valor superior al que desembolsaron. La falta de atención para prevenir el riesgo de una toma, la desatención a los socios minoritarios y la subvaloración de las acciones facilitaron la jugada.

Los jugadores locales requerirían un socio equivalente a Abu Dhabi para recomprar las acciones que los minoritarios vendieron, pagando un valor superior al de los Gilinski. Forbes estima que si el precio de recompra fuera un 5% superior al pagado, los compradores ganarían 864 millones de dólares. El GEA, si decide dar este paso, se endeudaría en una cifra que afectaría sus costos, su operación y su calificación de riesgo.

También podría el GEA buscar entre las grandes corporaciones globales de alimentos un socio que compre parte de sus acciones y contenga a la dupla al interior de las juntas directivas —lo que hicieron los Santo Domingo al colgarse al tren de AB InBev sin conflictos. La dificultad es el tiempo: la oferta por un 6% adicional de Sura implica una prima del 40%, difícil de rechazar.

La entrega de valor a un tercero se facilitó porque los administradores del GEA descuidaron a sus socios minoritarios durante años, pagando dividendos bajos y manteniendo subvalorada la acción. A los colombianos como socios minoritarios los han "tumbado" con acciones desde los años cincuenta —primero con Paz del Río, luego con Bavaria, Fabricato y Coltejer— y esta operación repite ese patrón histórico de baja confianza en la bolsa de valores del país.

A los Gilinski esta jugada les debe generar una satisfacción especial, pues en la disputada postventa del Banco de Colombia al GEA en los años noventa se sintieron abusados. Veinte años después, le dan otra vuelta a la historia. Lo que sigue para el Estado es promover una mejor regulación de los fondos de inversión y del ejercicio de los derechos de los socios minoritarios, para que Colombia no siga llegando tarde al capitalismo democrático.

Mecanismos de engaño y verdad

Un análisis a raíz de las comparecencias públicas ante la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad (CEV) del expresidente Álvaro Uribe, del excomandante paramilitar Salvatore Mancuso y del excomandante de las Farc Rodrigo Londoño.

Quienes ostentan poder se consideran dueños del futuro y a través de sus acciones buscan definirlo; al mismo tiempo suelen caer en la tentación de creerse dueños del pasado y tratan de moldearlo a su gusto. Esto fue lo que ocurrió durante las comparecencias de Uribe, Mancuso y Londoño ante la CEV: los tres dejaron clara su intención de controlar el relato público, presentando su versión como la única verdadera, mientras el rol pasivo de los comisionados les permitió desconocer sus responsabilidades.

Los tres construyeron sus relatos con la lógica del mundo publicitario: apelaron a las emociones de la audiencia antes que a la verificación de los hechos, presentándose como víctimas de las circunstancias más que como responsables de decisiones. Uribe insistió en que no podía conocer lo que hacían sus militares al asesinar civiles para presentarlos como bajas en combate; Mancuso se presentó como instrumento de una alianza estatal que después lo abandonó; Londoño sostuvo que era difícil controlar y disciplinar a sus subordinados en territorios dispersos.

El mecanismo del engaño funciona porque la verdad es incoherente, irracional y sorpresiva, mientras la mentira se construye con lógica y se adapta a lo que la audiencia está dispuesta a aceptar. Cuando las versiones de los tres comandantes parecen encajar perfectamente entre sí, es allí donde hay que sospechar del engaño: la tarea de la Comisión de la Verdad es precisamente contrastar esos relatos con la evidencia documental y confrontar las verdades parciales o falsas con las verdaderas responsabilidades.

Populismo Institucional

Populismo Institucional

El Espectador

El daño que varias entidades de control le están haciendo a los procesos sociales y a la agenda pública es enorme. Al magnificar, descarrilar y sesgar muchas de las investigaciones que adelantan, se empujan a sí mismas en una dinámica suicida.

Palacio de Justicia, Bogotá

El daño que varias entidades de control le están haciendo a los procesos sociales y a la agenda pública es enorme. Al magnificar, descarrilar y sesgar muchas de las investigaciones que adelantan, se empujan a sí mismas en una dinámica suicida. Con el fin de mantener el interés o mostrar gestión, hacen revelaciones y acusaciones en casos que apenas arrancan, muchas veces insostenibles. ¿Cuál es el objetivo? Satisfacer a una opinión pública distorsionada, devoradora de escándalos y en busca de acciones vengativas más que justicieras.

Los efectos sociales cuando los fiscalizadores se convierten en regentes de espectáculos públicos son graves. Mientras el país trata de ajustar sus instituciones tras un histórico pero polémico acuerdo de paz, las entidades se concentran en dar golpes de opinión para ganar puntos con sus audiencias. Dan la impresión de estar construyendo imagen positiva para las encuestas, tal vez para promover sus candidaturas, antes que hacer investigaciones serias para hallar responsables.

El debate público que ha generado Trump en Estados Unidos por sus actuaciones arbitrarias, desconociendo normas que garantizan el imperio de la ley para imponer sus deseos por encima de las instituciones, podría trasladarse a Colombia. Las instituciones existen para garantizar que los funcionarios públicos en sus campos, y los ciudadanos en los suyos, cumplan las leyes y respeten las reglas de juego que permiten la cohesión social. Cuando las instituciones deciden bailar al son de los escándalos mediáticos, y sancionan y prejuzgan acorde a los ratings, incumplen su mandato legal.

El daño que generan entidades de control convertidas en ejes del show público y en precampañas presidenciales es múltiple. Primero, porque dejan un vacío de control real, pues seleccionan sólo los casos de interés. Luego, porque los recursos públicos que se invierten para desarrollar cuerpos especializados de investigación se malgastan. Los funcionarios no pueden actuar con base en sus conocimientos sino que cumplen instrucciones de acusar para crear espectáculo. El resultado es la pérdida de confianza en esas entidades, o bien porque sus sanciones son injustas, o bien porque no logran la dimensión que le hicieron creer a la sociedad que se necesitaba.

Las entidades se concentran en lanzar acusaciones, señalamientos e imputaciones con base en investigaciones parciales que utilizan para hacer filtraciones selectivas, muchas fuera de contexto, que periodistas y ciudadanos reporteros recogen en sus medios y redes. Se reproducen realidades distorsionadas, verdades parciales o simples mentiras, creando percepciones públicas equivocadas. De ahí surge la idea del caos general y del mar de corrupción sobre el que navega la Nación, ambas percepciones altamente exageradas.

Una vez creadas esas percepciones, las mismas entidades se empujan a sí mismas para confirmar lo que plantean y sus aparatos de investigación se enfilan en ese sentido y no en buscar la verdad. Toman decisiones con base en sus propias distorsiones y el imperio de la ley queda subordinado a demostrar que son eficaces condenando delitos que se inventan o imponiendo sanciones que nunca se aplican.

El efecto a corto plazo es la decepción de la ciudadanía frente al país. El pesimismo que registran los encuestadores se nutre de esa dinámica: “la corrupción se tomó el país”. Ante ese panorama, los líderes de las entidades de control surgen como los salvadores, los justicieros y los aparentes redentores de la moralidad pública. La pérdida de confianza en esas entidades al convertirlas en organismos populistas es grave.

El ciudadano, el empresario, el inversionista, el contratista, el funcionario público, entiende que no puede contar con ellas para adelantar procesos serios, técnicos, justos. Generar espectáculo como ingrediente principal de ratings y popularidades vaporosas, o para el aumento de adictos a la insensatez de las redes, destruye institucionalidad y estimula el populismo.

Una Constituyente Especial para el fin del conflicto

Una Constituyente Especial para el fin del conflicto

El Espectador

¿Cómo llegar a un consenso nacional cuando los puntos de divergencia sobre el Acuerdo de La Habana son tan difíciles de conciliar? Un acuerdo político tiene pocas posibilidades porque ninguna fuerza tiene la legitimidad o la representación necesarias para decidir.

Juan Manuel Santos, Raúl Castro y Timochenko tras la firma de los acuerdos de La Habana

¿Cómo llegar a un consenso nacional cuando los puntos de divergencia sobre el Acuerdo de La Habana son tan difíciles de conciliar? Un acuerdo político tiene pocas posibilidades porque ninguna fuerza tiene la legitimidad o la representación necesarias para decidir y cualquiera tiene veto en esa ecuación. El triunfo del No fue tan precario como la derrota del Sí. Gobierno y oposición fracasaron en su convocatoria, al igual que los partidos políticos. Fueron grupos ciudadanos los que más se movilizaron, mientras las mayorías se abstuvieron en protesta o por indiferencia. De manera que la solución política entre las minorías del Sí y el No que se auto proclaman voceras de todos, solo llevará a repetir la falta de consenso. Se necesita crear un mecanismo que integre a los ausentes con las minorías del Sí y el No y que su acuerdo se convierta en normas para construir una paz positiva.

La Constitución prevé un mecanismo participativo y democrático, el artículo 376, que permite tramitar y resolver las divergencias frente al Acuerdo de paz. Una Constituyente Especial, con la única y exclusiva agenda de ajustar los seis puntos del Acuerdo, en un tiempo limitado, con un número de miembros pequeño y con calificaciones y conocimientos para garantizar profundidad en el debate, es un mecanismo que puede contemplarse. Sería una solución sin vencidos ni vencedores, civilizada, donde las minorías y mayorías discutirían en un foro abierto y transparente los posibles ajustes. Las FARC deben apoyar esa solución pues es muy similar a la que propusieron originalmente para implementar el Acuerdo y elimina los riesgos de una Constituyente que se desborde o se declare omnipotente.

Al mismo tiempo, una Constituyente Especial permitiría superar el modelo de negociación gobierno-FARC que ya cumplió su ciclo y función, para reemplazarlo por un instrumento democrático y autónomo en el que participarían todos los excluidos: los abstencionistas, los ciudadanos sin representación, las regiones sub representadas, los sectores económicos que se sienten amenazados, entre otros, además de gobierno y Farc por supuesto.

Desde el punto de vista jurídico la Constituyente Especial requiere una ley del Congreso que se puede tramitar de urgencia aun en sesiones extraordinarias, norma que tendría control constitucional de entrada y salida, y requiere una elección con más del 30% del electorado. Es un ejercicio que integraría el debate entre las fuerzas que se resisten al cambio que propuso el Acuerdo de La Habana y las fuerzas ciudadanas que lo impulsan para que el país dé un gran salto adelante en lo económico y en lo social.

Este cambio no es una concesión a las Farc sino una oportunidad para construir una sociedad más igualitaria que reduzca las tensiones sociales y económicas que invitan a la violencia y a la ilegalidad. La paz son transformaciones sociales e institucionales, ajustes al modelo de país: si con el Acuerdo de paz no hay transformaciones del modelo económico y social, con el tiempo reaparece la violencia con otros actores y bajo otras formas.

Hay temas que ilustran la necesidad de esas transformaciones si se quiere reconstruir mejor la sociedad colombiana. Uno es la falta de representación de amplios sectores ciudadanos, en especial los urbanos: la reforma del sistema electoral es indispensable para equilibrar las representaciones y modernizar la organización electoral que favorece y valida el clientelismo. Algo similar ocurre con la modernización agraria: hacer más productivo el campo es permitir nuevas inversiones, y modernizar el uso de la tierra es una obligación que tienen los grandes propietarios frente a la sociedad.

Con la justicia transicional también se presentan temores. Los jueces y las tres cortes en ejercicio deben participar en el ajuste del modelo que sugiere el Acuerdo de La Habana. Es necesario conciliar los dos sistemas judiciales para evitar una mayor inseguridad jurídica, de manera que el aparato de justicia sea confiable y eficiente para los millones de colombianos que no cuentan con ella para dirimir sus diferencias.

El modelo político y económico actual es el que genera el conflicto y las desigualdades, y mientras no se transforme por uno más eficiente, el país seguirá naufragando en el pasado. El Acuerdo de La Habana es la excusa para promover ese ajuste y disminuir la desigualdad, liberando la capacidad de generar nuevas riquezas y repartirlas mejor.

Reed Hastings, fundador de Netflix

Cuando el dueño de Netflix lanzó en Bogotá el canal más poderoso del mundo

Las2Orillas

En septiembre de 2011 Reed Hastings aterrizó en Bogotá para lanzar Netflix en Latinoamérica. El periodista y consultor de comunicaciones Ramón Jimeno se encargó de todos los preparativos del lanzamiento.

Reed Hastings, fundador de Netflix

En septiembre de 2011 Reed Hastings aterrizó en Bogotá. Venía a cumplir una cita: lanzar Netflix en Latinoamérica. El periodista y consultor de comunicaciones Ramón Jimeno se había encargado de todos los preparativos. Ramón había conocido en Nueva York, en sus años de corresponsal, a quienes con los años se convertirían en los magnates de la televisión por cable, con Reed Hastings a la cabeza. Era el contacto perfecto para empezar el negocio en Colombia, y lo buscaron.

La llegada de Netflix a Colombia no sería distinta a la de otros países. “Nos hizo una exigencia muy clara: que en el evento de lanzamiento que preparamos, con cientos de invitados —estrellas y personalidades—, no hubiera ningún político, nada de congresistas ni funcionarios”, recuerda Jimeno, encargado del lanzamiento en Bogotá. “Recorrimos Bogotá sin guardaespaldas; traía una guía con algunos sitios marcados y me pidió que lo acompañara. Fuimos a La Candelaria, al Museo del Oro, a la plaza de mercado del Restrepo, a restaurantes de comida criolla y a sitios de movida juvenil. Quería saber qué hacían los jóvenes; no le interesaba nada del poder, nada de burocracia, nada de gobierno”.

Reed Hastings en el lanzamiento de Netflix en Bogotá

El día del lanzamiento se instalaron treinta pantallas en el hotel Marriott para que los invitados —empresarios, actores, productores y cineastas latinoamericanos— disfrutaran de la oferta de contenidos de Netflix. Al otro día, Hastings inició su plan de trabajo en Bogotá: visitó los canales Caracol y RCN, con los que cerró negocios millonarios de compra de archivos y contenido audiovisual, e hizo lo propio con varias productoras independientes. Sólo en 2016 planeaba invertir 6 mil millones de dólares para adquirir nueva programación.

Netflix nació de una rabieta en 1997. Hastings era un matemático con posgrado en inteligencia artificial de Stanford, de 37 años, que alquilaba películas en Blockbuster para entretenerse en casa. Un día olvidó devolver la cinta alquilada, Apolo 13, por lo que recibió una multa de 40 dólares. La ira le disparó la chispa creativa: ¿no habrá otra forma de distribuir las películas? Tuvo dos ideas: usar el servicio de mensajería para recibir y devolver los DVD, o aprovechar la tecnología para crear un canal que ofreciera películas de manera ágil, sin necesidad de cintas físicas. Nacía Netflix.

Han pasado cinco años desde entonces y Netflix está en 190 países, con 81 millones de suscriptores en el mundo según Forbes, lo que le representa ingresos netos por 1.813 millones de dólares. En Colombia ya serían unas 700 mil personas, una cifra no confirmada por la compañía. Netflix espera cerrar el año logrando un objetivo crucial: el acceso a China, el país más poblado del mundo.

El año pasado la compañía regresó a Colombia para lanzar Narcos, la historia de Pablo Escobar y el cartel de Medellín, que batió récords de audiencia en todo el mundo. Su protagonista, el brasileño Wagner Moura, fue invitado a los programas de Jimmy Fallon y Jay Leno, y la revista Variety la consideró la serie más adictiva desde Breaking Bad.

Una expansión lograda sin oficina ni empleados ni representantes en el país, a punta de boca a boca por la calidad de su oferta, que se ha dado el lujo de convertirse en un estudio donde directores como David Fincher o Baz Luhrmann, y estrellas como Kevin Spacey o Winona Ryder, caminan por los pasillos de su centro de operaciones en el pequeño pueblo de Los Gatos, California.

En sólo diez años, la rabieta por una multa en la ya desaparecida cadena de alquiler de videos Blockbuster se transformó, para Reed Hastings, en una compañía que hoy se cotiza en los 45.000 millones de dólares.

El periodismo ante la violencia

Un recorrido por el papel de la prensa colombiana durante la toma del Palacio de Justicia en 1985 y por cómo la doctrina de seguridad nacional condicionó durante décadas la relación entre medios, militares y poder.

La violencia es parte esencial del poder, disuasiva o como instrumento para definir conflictos. Un poder débil, sin respaldo ciudadano, tiende a compensar su debilidad con violencia, trasladando los conflictos de la reflexión y el diálogo al uso de instrumentos destructivos. En 1958, la decisión de las élites de independizar el poder militar del civil impuso en Colombia una doctrina de seguridad que se desarrolló en paralelo con la democracia electoral, y que veía a periodistas, medios y cortes de justicia como estorbos para la lucha contra la insurgencia.

El asalto del M-19 al Palacio de Justicia en 1985 ocurrió en ese contexto: un movimiento derrotado militar y políticamente buscó en la Corte Suprema su tabla de salvación, mientras un Estado igualmente debilitado respondió con la violencia como única solución. La censura a los medios se estableció con rapidez porque la exclusión de la prensa era clave para el poder, mientras que para la guerrilla su cobertura era todo.

Los medios fueron cómplices en distintos momentos: primero guardaron silencio bajo la censura, luego reprodujeron el relato oficial, y solo después, con cautela, empezaron a divulgar lo que revelaban las investigaciones judiciales. Fue precisamente la Corte asesinada en el Palacio la que dictó las primeras sentencias condenando a militares por sus excesos, sentando las bases para exigir el respeto a los derechos humanos dentro de las Fuerzas Armadas.

Treinta años después, con el proceso de La Habana en marcha, el reto para el periodismo colombiano es no repetir ese mismo error: la paz no puede convertirse en un nuevo espectáculo mediático ni quedar rehén del lenguaje de guerra. La reparación que le corresponde a los medios por su silencio durante la barbarie es asumir un nuevo código de cobertura que dignifique el proceso de paz en lugar de torpedearlo.

Pacto de las élites para una negociación sostenible: Plan Colombia II

La divergencia entre las élites políticas representadas en Uribe y Santos determina el grado de confianza en las negociaciones de paz de La Habana y el nivel de incertidumbre sobre el alcance de los acuerdos.

La batalla entre las élites facilita que los medios sobredimensionen los hechos de violencia con toques sensacionalistas que distorsionan las discusiones en la mesa y asustan a la opinión pública. Superar esa divergencia es indispensable para consolidar acuerdos efectivos: si se puede negociar con las Farc políticas sociales que permitan la convivencia, también es posible negociar entre los propios civiles el tipo de paz que resulta tolerable para la mayoría.

La paz requiere activar un patriotismo equivalente al que despertó la ofensiva militar de 2002–2008, cuando las élites se unieron detrás de Uribe bajo un consenso previo con Estados Unidos: diálogo sí, pero con el Plan Colombia como respaldo militar si las negociaciones fracasaban. Ahora se necesita un consenso equivalente, pero a la inversa: que las élites uribistas acepten que la paz no se firma para que las Farc cogobiernen, sino para cerrar el conflicto bajo reglas claras.

Ese "Plan Colombia II" implicaría crear espacios de diálogo con los sectores más reacios de las élites civiles, acordar protocolos de comunicación con las Farc para transformar su imagen pública, y establecer un lenguaje común para el manejo informativo del proceso, alejado de la lógica mercantil y sensacionalista de los medios en tiempos de guerra.

La experiencia internacional confirma que sin ese consenso entre élites los acuerdos de paz fracasan, como ocurrió en Camp David entre israelíes y palestinos; y que con ese consenso, como ocurrió en Irlanda, los procesos de desmovilización y reconciliación sí logran consolidarse. Colombia no puede lograr una paz verdadera y sostenible en contra de la mitad de su propia opinión pública y de sus élites políticas y económicas.

Modernización privatizadora

Modernización privatizadora

El Espectador

Los decretos expedidos por el gobierno para eliminar y reformar entidades públicas privilegian la aplicación de la política privatizadora, antes que representar un esfuerzo integral del gobierno para modernizar el Estado.

Protesta de trabajadores de Telecom

Los decretos expedidos por el gobierno para eliminar y reformar algunas entidades públicas, y hacer más eficiente la prestación de varios servicios, privilegian la aplicación de la política privatizadora, antes que representar un esfuerzo integral del gobierno para modernizar el Estado y lograr que cumpla con eficiencia sus responsabilidades.

El gobierno parte de una creencia: que al retirarse de tareas como el mantenimiento de las vías, la investigación agropecuaria o los servicios de salud hospitalarios, es más moderno el papel del Estado. En realidad, lo que hace es dejar esas funciones en manos del sector privado, sin que exista garantía de que preste el servicio con mayor eficiencia para la comunidad. Si bien es incuestionable que el sector privado es más eficiente, solo actúa donde es rentable su operación.

Es evidente que hay muchas áreas de servicio —en salud, por ejemplo— que en países pobres el Estado no puede dejar de subsidiar sin que parte de la comunidad se vea afectada, simplemente porque se le acaba la posibilidad de acceder al único servicio de salud, eficiente o no, a su alcance. La función del Estado no es la de hacer rentables sus responsabilidades ante la ciudadanía, sino la de buscar que los servicios básicos le lleguen a la población.

Las tesis de los neoliberales criollos han hecho creer que la población más pobre es perezosa y espera la comida, la educación y la medicina subsidiada del Estado, a costa de unos sudorosos empresarios que, en vez de reinvertir sus utilidades, le pagan tributos al Estado para que los redistribuya en servicios para los ineficientes. Se olvidan de que la función del Estado se refiere a todos los individuos, y que una nación progresa cuando progresa su gente.

Por eso, dentro de los decretos privatizadores, el reto para entidades como el ISS o la Caja Nacional de Previsión, que deben competir con los costos del sector privado para brindar servicios a población sin recursos para pagarlos, es casi imposible. En la práctica, los decretos son una condena a muerte, no de las entidades cobijadas con la privatización, sino de la función pública que cumplían.

Es como si en seguridad o en justicia el gobierno hiciera lo mismo: adoptara los parámetros de eficiencia y rentabilidad del sector privado. La discriminación entre las funciones que el Estado se reserva (justicia y seguridad) y las que abandona (salud, infraestructura agraria y vial, entre otras) deja ver un concepto de Estado privado para unos sectores y no para todos los colombianos.

En los servicios de alta rentabilidad, como el de comunicaciones, el modelo privatizador tiende a ser operativo. En particular, Telecom sale beneficiada al eliminarse las trabas que le impedían actuar con la agilidad del sector privado, sin perder la experiencia y las ventajas competitivas que ha logrado y que son patrimonio de todos los colombianos.

Un sector que se quedó años luz atrás de las necesidades de la industria nacional es el de la formación de técnicos. El Sena los produce para la industria de los años sesenta, mientras los sectores revolucionados por la informática adolecen de una oferta de técnicos para asumir con eficiencia las nuevas tareas.

En seguridad y orden público, donde el Estado no abandona un centímetro, las medidas también son contradictorias. No hay entidad que requiera más su reestructuración total como la Policía Nacional: el servicio que presta es tan pobre y los niveles de corrupción tan altos que resulta impensable que un gobierno pretenda establecer la autoridad del Estado con funcionarios que tanto daño le hacen a la ciudadanía.

Esas entidades de seguridad representan el 15% de la burocracia nacional y otro tanto del presupuesto. Difícil encontrar otra área del Estado donde sea mayor la ineficiencia. En este terreno, los decretos registran un paso importante al crear la Unidad de Seguridad y Justicia, adscrita a Planeación Nacional: un organismo de corte y dirección civil, donde empezará a dársele racionalidad al gasto público en seguridad.

En últimas, los decretos muestran mucho más de privatización que de modernización, y una tendencia a aplicar principios que el gobierno no defendió en la Constituyente, contrariando —como lo dicen los críticos consejeros de Estado— el espíritu de la nueva Constitución en muchos aspectos.

Las nuevas fronteras del terrorismo

Las nuevas fronteras del terrorismo

El Espectador

Las bombas en la India y la del World Trade Center son muestras evidentes de la expansión del terrorismo. Pero una manera sui generis de ampliar las fronteras de ese delito es la que usa el Estado colombiano al acusar de terroristas a once técnicos y tres sindicalistas por el paro de Telecom de 1992.

Protesta en una calle de Bogotá

Las bombas en las calles de ciudades en la India y la del World Trade Center, la más grande que se ha colocado en Estados Unidos, son muestras evidentes de la expansión del terrorismo. Pero una manera sui generis de ampliar las fronteras de ese delito es la que usa el Estado colombiano cuando acusa a once técnicos y tres sindicalistas de ser terroristas, a raíz de la suspensión de las comunicaciones durante el paro de Telecom en 1992.

Mientras el Estado ha sido incapaz de capturar y juzgar a los responsables de los ataques terroristas, es habilidoso para reinterpretar el delito y sancionar a algunos de los responsables del paro en Telecom, aplicándoles el castigo que no se le aplica a los más tenebrosos delincuentes.

¿Será que los responsables de las bombas en el edificio del DAS, el avión de Avianca, El Espectador, o los transeúntes de la carrera 9.ª, o los autores del exterminio de la UP, de tres centenares de policías en Medellín, o del asesinato de Luis Carlos Galán y Carlos Pizarro, son ante la justicia colombiana iguales a los catorce funcionarios de Telecom que protestaban para que el gobierno no vendiera arbitrariamente una empresa pública?

La neofilosofía del castigo. La filosofía de las normas penales que inspiraron el estatuto antiterrorista excluye la consideración de la intencionalidad como elemento para determinar la responsabilidad. Ese principio, consagrado en el derecho moderno, fue derogado cuando la Comisión Legislativa Especial —mal llamada “Congresito”— acogió como legislación permanente los decretos antiterroristas. El solo hecho de interrumpir las comunicaciones no implica que exista la intención de crear un estado de zozobra o de causarle daño a la población, elementos para tipificar el delito de terrorismo.

Si se aplicara la tesis de la fiscalía, el presidente Gaviria también debería estar acusado de terrorismo por el estado de zozobra que creó durante el año de interrupciones en el fluido eléctrico. Los trabajadores de Bavaria también deberían estarlo por el terror que le produce a millares de mujeres que sus maridos no salgan a tomarse las polas. Y los trabajadores de Ecopetrol estarían pisando los nuevos linderos penales si suspenden sus labores.

Nadie puede sostener con racionalidad jurídica que el presidente Gaviria —responsable de la eficiente prestación de los servicios públicos— quiso hacerle daño a la población al desatender la forma como sus subalternos administraban el sector eléctrico. De la misma manera, no existen fundamentos para suponer que los técnicos, los empleados o los sindicalistas de Telecom querían hacerle un daño al país al realizar el paro contra la privatización.

La justicia como sanción política. A pesar de todo, el fiscal acusador sostiene que utilizar el conocimiento científico, la informática o los avances tecnológicos para crear un “estado de zozobra” es más grave que colocar bombas en las calles.

Hoy los que están en la cárcel Modelo son once ciudadanos que hasta el 24 de febrero eran respetados técnicos, responsables de mantener en funcionamiento sofisticadas plantas de Telecom, personas que vivían en comunidad con sus familias, estudiando, publicando artículos y libros, discutiendo en foros el futuro de la telefonía nacional. Ahora, gracias al desborde jurídico institucional, resulta que ser nacionalista es igual que ser terrorista.

Los antecedentes del paro de Telecom son contundentes para demostrar que se trató de una acción contra la venta y la privatización de la empresa que “une a los colombianos”. No era un paro para provocar terror, sino para que se diera el debate público y nacional que el gobierno eludía. De hecho, cuando el plan de venta quedó en entredicho y se abrió el debate público, el paro fue levantado.

Homologar la conducta de los catorce acusados con un acto terrorista parece la revancha del gobierno, que busca una sanción para quienes le ocasionaron el fiasco. Quienes de verdad ejercen el terrorismo en Colombia están libres. Pero para quienes acuden a procedimientos legítimos como los paros, el Estado les formula cargos y los detiene como no lo ha hecho con ningún terrorista. Tal vez de esa manera la justicia acabe con los paros, pero difícilmente con el terrorismo.

Consultoría

Comunicaciones

Con más de tres décadas de experiencia, Ramón Jimeno es consultor experto en comunicaciones estratégicas, relaciones con gobierno y comunidades, manejo de crisis y diálogo social. Ha asesorado a más de 150 empresas nacionales y multinacionales en la construcción de estrategias de comunicación, planes de responsabilidad social y solución de conflictos, combinando su mirada periodística con un conocimiento profundo de cómo se mueve el poder en Colombia.

Jimeno Acevedo & Asociados

Socio fundador y gerente de Jimeno Acevedo & Asociados (JA&A), firma de consultoría en comunicaciones estratégicas, relaciones con gobierno y comunidades, y manejo de crisis para empresas y organizaciones en Colombia.

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Política · Campañas

Campañas electorales (1995–2010)

  • Asesor de estrategia, campaña presidencial de Noemí Sanín, Colombia (1995–1998)
  • Asesor de estrategia, Referendo Revocatorio de Hugo Chávez, Venezuela (2004)
  • Asesor de estrategia, campaña presidencial de Horacio Serpa, Colombia (2001–2002)

Libros y ensayos

Portada de La impunidad del poder

La impunidad del poder

Los casos del magistrado Iván Velásquez y el coronel Carlos Velásquez, y cómo fuerzas oscuras someten al Estado colombiano.

Debate · Premio Nacional de Periodismo CPB 2023 — mejor libro

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Con un libro lleno de revelaciones inéditas y contundentes, que ponen de manifiesto la crisis institucional de nuestro país, regresa Ramón Jimeno al periodismo.

Me ha llegado a las manos este estupendo libro de Ramón Jimeno que cuenta las vidas de dos colombianos que no han conocido alternativa a la honestidad: un par de ciudadanos de carne y hueso que comparten tanto el apellido Velásquez como la necesidad de cumplir con su deber cueste lo que cueste, en los momentos más sucios, más sangrientos y más plagados de villanos y némesis de la historia reciente de Colombia.

El primer Velásquez es el coronel que, a pesar de todo, contra viento y marea y entre las balas, encabezó aquel Bloque de Búsqueda que a principios de los años noventa demostró que los narcos hacían parte del organigrama del Estado. El segundo Velásquez es el magistrado que está cumpliendo treinta años de poner en evidencia la manera como la criminalidad se va enquistando, invitada por las ambiciones desmedidas de las élites, en las instituciones del Estado.

Si uno no puede parar de leer es porque Jimeno no es solo un periodista brillante, sino un narrador que ha pasado por todo. Se le nota la pericia.

Portada de Noche de lobos

Noche de lobos

Una investigación sobre los hechos del 6 y 7 de noviembre de 1985 en el Palacio de Justicia.

Ediciones Folio · edición 2005 (1.ª ed. 1989)

Cuando se publicó por primera vez Noche de lobos en 1989, los hechos del Palacio de Justicia todavía se miraban con pasión. Los afectados no querían hablar y, cuando se decidían, preferían no ser mencionados.

Analistas y protagonistas se dividían en dos bandos: los que estallaban argumentando que el contraataque, tal y como lo realizó el Estado, era la única opción que había dejado el M-19, y los que mostraban una rabia infinita contra Belisario Betancur porque lo consideraban responsable de ese desenlace final y fatal, que también fue el de su proceso de paz. Este libro, como otros que se publicaron con anterioridad y con posterioridad, son aportes para un debate que todavía está abierto, a pesar de los apasionados que quieren impedirlo.

Desde 1986 se empezaron a difundir testimonios, documentos y pruebas que —aparte y además del acto violento del M-19— confirmaron el enceguecimiento en la reacción oficial. El registro en la memoria de sobrevivientes y actores armados se quedó corto frente a las pruebas, las rigurosas reconstrucciones técnicas de los organismos judiciales, los peritazgos profesionales y los análisis científicos del Instituto de Medicina Legal: el uso desproporcionado e indiscriminado de la fuerza oficial fue la causa de la muerte de la gran mayoría de rehenes y civiles atrapados en el Palacio.

Los hechos son claros y están probados. La verdad de lo que ocurrió en los combates del Palacio de Justicia se conoce, con excepción de la suerte final que corrieron doce ciudadanos desaparecidos, la mayoría de ellos empleados de la cafetería. Lo que contrasta con esta realidad es que nadie ha sido sancionado ni penal ni moralmente; por el contrario, los esfuerzos de un sector del establecimiento se han encaminado a exonerar a todos los implicados.

Ese resultado ilustra que se han impuesto los sectores que consideran mejor para el desarrollo de las instituciones diluir las responsabilidades en el olvido, la rabia y el silencio de quienes, conscientes de los atropellos que se cometían, los permitieron o estimularon. Todavía hay grupos y sectores que necesitan enfrentar ese fragmento de la historia de la violencia nacional, para que al menos una de las miles de heridas abiertas que desangran a la sociedad colombiana empiece a cicatrizar.

En Colombia no se conoce ningún mea culpa por el asesinato de 150.000 ciudadanos en la violencia de los años cincuenta. Los asesinos no existieron, sólo las víctimas, civiles inocentes. Y no es la impunidad lo que más asombra: es la incapacidad de asumir los hechos de sangre que provoca y ejecuta un importante sector de los dirigentes del país, con absoluta impunidad.

El gran derrotado en la historia moderna nacional es el civil que cree en las instituciones. El que cree que las fuerzas del orden lo van a proteger; el que cree que van a sancionar a los culpables del asesinato de sus familiares; el secuestrado que cree que lo van a rescatar con cuidado de garantizar su vida. Éste es el costo que se paga en un país que se niega a enfrentar la parte violenta de su realidad y los odios que necesita superar.

Los hechos del Palacio de Justicia debieran servir para establecer una nueva política nacional con respecto al uso y al castigo de la violencia. Los civiles defensores de las normas y del Estado de derecho, como el mejor modelo de convivencia pacífica, son quienes deben asumir la responsabilidad de cambiar el esquema de violencia que sectores minoritarios del país repiten década tras década con excusas diferentes. La principal razón para reeditar Noche de lobos es sumarse a este esfuerzo.

Elecciones presidenciales 1998–2002

Elecciones presidenciales 1998–2002

Publicación de Jimeno Acevedo & Asociados con análisis de las campañas presidenciales de ese período, en coautoría con Jorge Londoño de la Cuesta, Invamer-Gallup, Javier Restrepo Palacio, Napoleón Franco & Cía, Carlos Duque, José Miguel Sokoloff, Pedro Viveros, Noemí Sanín y Fernando Cepeda Ulloa.

Jimeno Acevedo · Asociados, Bogotá
Sí TransMilenio

Sí, TransMilenio

Publicación sobre la implementación del sistema de transporte masivo TransMilenio en Bogotá, uno de los proyectos de infraestructura y comunicación estratégica más relevantes de la ciudad en su momento.

De la posesión legítima y pacífica a la ocupación de tierras: el caso de la empresa Palmas de Tumaco

De la posesión legítima y pacífica a la ocupación de tierras

1977–2016

El caso de la empresa Palmas de Tumaco: un estudio sobre la agroindustria de la palma de aceite en Tumaco, Nariño, y las disputas por la tierra en la región — el mismo caso documentado en el video Palmas y Tierras.

Espacio reservado para futuras publicaciones

Cine y documentales

Guiones de cine

Guion

La Estrategia del Caracol

1993 · Ramón Jimeno

Historia original ganadora del Concurso Nacional de Guiones de Focine (1987). Más de treinta premios internacionales, incluida la Espiga de Oro en Valladolid.

Certificado del Concurso Nacional de Guiones — Focine, 1987

Leer el guion original (PDF) ↗

Guion y producción

Todos se van

23 abril 2015 · Ramón Jimeno

Basada en la novela de Wendy Guerra. Nieve vive la disputa de sus padres por su custodia: Eva, una artista que cree en la revolución sin censuras, y Manuel, un dramaturgo que se sacrifica por escribir teatro en una zona inhóspita de la isla. La batalla desemboca en un juicio en el que el Estado interviene de forma arbitraria.

Premios: Desarrollo y producción de largometrajes, Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC), Colombia, 2011.

Festivales: Gala, Festival Internacional de Cine de Cartagena (FICCI) 2015 · Cinedowntown Galas, 30º Festival Internacional de Cine de Miami (MIFF), 2015 · Première, 36º Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, Cuba, 2014 · Hay Festival, Colombia, 2015.

Guion

Candela

1994–1995 · Caracol Televisión Candela — Caracol Televisión

Telenovela colombiana. Carmela y Candelaria Daza, madre e hija, se enamoran sin saberlo del mismo hombre: Martín Caballero, un empresario petrolero interesado en las tierras familiares. La trama enfrenta los secretos del pasado, el rechazo social y el conflicto entre la ambición industrial y la defensa del territorio y el ambiente.

Guion

La posada

1988–1992 · Televisión pública La posada

Comedia costumbrista ambientada en una casona antigua de Chapinero, Bogotá. Una señora bogotana de los años 60 convierte su casa en una posada para estudiantes, y debe convivir con las ocurrencias de Grace, Pocholo, Conchita, Francisco, la Nena, Pilarcita, Guillermo, Milipico y otros vecinos.

Guion

Vida de mi vida

Vida de mi vida

Telenovela dramática. Narra la historia de Adriana, cuya vida da un giro radical tras ser violada y embarazada por tres compañeros de colegio que luego se convierten en traficantes. Tras el robo de su bebé a manos de Doña Queta y la separación de su novio Daniel, Adriana inicia una búsqueda incansable por recuperar a su hija, guiada por la certeza de que la pequeña es la vida de su vida.

Documentales y series

Caracol Televisión

Genio y figura

Genio y figura — Caracol Televisión

Serie documental de entrevistas y perfiles de Caracol Televisión, que se acercaba a personajes destacados de la vida nacional para contar su historia más allá de la fama. A través de conversaciones íntimas, testimonios e imágenes de archivo, Ramón Jimeno construía retratos humanos de figuras del deporte, la cultura y la vida pública, mostrando sus orígenes, logros, contradicciones y el contexto que los convirtió en referentes de Colombia.

Leche Brava, Caquetá

20 abril 2022

Campesinos, ganaderos y una empresa global —Nestlé— en un territorio disputado por las FARC, paramilitares de extrema derecha y narcotraficantes, mientras las Fuerzas Militares intentan imponer su autoridad.

Caquetá es una región aislada y selvática que concentra los conflictos de Colombia. Dirigido por Ramón Jimeno, el documental retrata la intensidad y la incertidumbre de la vida de sus habitantes, en medio de paisajes exuberantes.

UNESCO

Una crisis encubierta: conflicto armado y educación

20 abril 2022

Un acercamiento al Informe de Seguimiento de la Educación para Todos 2011 de la UNESCO, sobre cómo el conflicto armado afecta el derecho a la educación en el mundo.

El conflicto armado priva de educación a 28 millones de niños, exponiéndolos a violencia y ataques contra escuelas. El informe plantea proteger ese derecho durante los conflictos y reconstruir los sistemas educativos en los países que salen de ellos.

Grandes Maestros

Fernando Gallego

8 agosto 2019

Producido por Jimeno Acevedo Asociados, resalta la labor de John Fernando Gallego, director del CER Ciro Mendía en Salgar, Antioquia, y su papel como líder educativo en un territorio marcado por la violencia de guerrillas y paramilitares, y por los desafíos del campo, el café y la ganadería.

En medio de una comunidad golpeada por el conflicto, Gallego impulsa el uso de la tecnología, nuevos métodos pedagógicos e iniciativas como "La lectura toca tu puerta, déjala entrar", creada para acercar los libros y el hábito lector a los estudiantes y sus familias — con resultados concretos reflejados en las Pruebas Saber.

Grandes Maestros

La Seño

20 abril 2018

Dirigido por Sergio Cabrera y producido por Jimeno Acevedo Asociados, retrata la historia de la maestra Luz Nelly Camacho, conocida como "la seño", en la vereda Paso del Medio, cerca de María La Baja, Bolívar.

En una comunidad marcada por el desplazamiento en los Montes de María, esta educadora gestionó recursos, impulsó la construcción de una nueva escuela y ayudó a reunir de nuevo a la comunidad alrededor de la educación, frente a las consecuencias del conflicto armado.

Paro de Corteros

24 julio 2017

Producido por Jimeno Acevedo Asociados, aborda la movilización de los corteros de caña del Valle del Cauca en 2008: un paro iniciado el 15 de septiembre de ese año, protagonizado por miles de trabajadores vinculados a través de cooperativas de trabajo asociado.

Los corteros reclamaban mejores condiciones laborales, reconocimiento de derechos y una discusión de fondo sobre la relación entre los ingenios, la tercerización y el modelo productivo de la agroindustria de la caña — un episodio de tensión social, negociación y reivindicación laboral.

Palmas y Tierras

25 febrero 2016

Desarrollado por Jimeno Acevedo Estrategia, reconstruye la historia de Palmas de Tumaco y el papel de la agroindustria de la palma de aceite en Tumaco, Nariño. A partir de testimonios, archivo, mapas y contexto histórico, aborda cómo este cultivo se convirtió en un eje económico y generador de empleo formal en una región marcada por el abandono estatal, la violencia y las disputas por la tierra.

Examina las tensiones entre la posesión empresarial, las reclamaciones de comunidades afrodescendientes e indígenas bajo la Ley 70 de 1993, y los impactos sociales, legales y territoriales del desarrollo palmero entre 1977 y 2016, incluida la crisis fitosanitaria de la Pudrición del Cogollo que golpeó al sector desde 2007.

Hecho en Colombia

Entrevista al General Alzate

2 mayo 2015

Reportaje en el que el general Alzate habla sobre su labor en el Chocó, su secuestro y su renuncia al Ejército Nacional.

Producción institucional

Huawei: Aulas Inteligentes Guainía

2024

Producido para Huawei, muestra cómo la tecnología abre oportunidades educativas en territorios apartados: registra la implementación de una escuela inteligente en El Remanso, Guainía, desarrollada en alianza con MinTIC, Claro y Huawei, para llevar conectividad y herramientas digitales a una comunidad indígena.

Mujeres Tech

16 junio 2023

Serie de ocho videos producida por Jimeno Acevedo Asociados, concebida como un conjunto de perfiles audiovisuales sobre mujeres que, desde distintos campos, trayectorias y experiencias, representan el papel creciente del talento femenino en la tecnología, la innovación y la transformación digital. La serie visibiliza liderazgos femeninos, mostrando cómo la tecnología puede convertirse en una herramienta de autonomía, educación, emprendimiento e impacto social.

Guardianes de la Selva II

21 febrero 2023

Para la iniciativa Guardianes de la Selva, un proyecto de conservación tecnológica de Huawei y Rainforest Connection. Muestra cómo dispositivos solares instalados en las copas de los árboles capturan los sonidos de la selva y, con inteligencia artificial, detectan amenazas como la tala ilegal o la caza furtiva, enviando alertas en tiempo real a los guardabosques en territorios como el Magdalena Medio.

Huawei: Seeds for the Future

2023

Muestra cómo este programa de Huawei impulsa nuevas capacidades en innovación, conectividad, inteligencia artificial, nube y transformación digital, acercando a jóvenes colombianos y latinoamericanos a las oportunidades de la economía tecnológica.

Cinco Impulsos

20 abril 2022

Colombia, tras superar su problema de inseguridad, deja ver riquezas que tenía ocultas —en especial en hidrocarburos— así como sus debilidades estructurales para ser competitiva en el mercado global: falta de un modelo de desarrollo claro, corrupción, calidad de la educación, ineficiencia de la justicia y una infraestructura vial y portuaria pobre.

Con el análisis de expertos como Roberto Steiner, José Antonio Ocampo, Cecilia María Vélez, León Valencia, Hernando José Gómez, Rodrigo Uprimny, Elizabeth Ungar, Camilo Tarquino y el general (r) Rafael Colón, entre otros, el documental ofrece una radiografía del estado del país en la segunda década del siglo XXI.

Bluefields, 20 años

29 marzo 2021

Producido para conmemorar la trayectoria de Bluefields, resalta su trabajo con jóvenes y los valores que promueve: creatividad, innovación, confianza, capacidad de ejecución y trabajo colaborativo, mostrando cómo cada proyecto se convierte en una oportunidad para conectar personas y generar experiencias memorables.

IDARTES

24 enero 2017

Video institucional producido durante la época de la Bogotá Humana, orientado a mostrar el papel del Instituto Distrital de las Artes como motor de acceso, formación y participación cultural en la ciudad, incluyendo el programa CLAN (Centros Locales de Artes para la Niñez y la Juventud), creado en 2013.

PNUD: Pacto con la Madre Tierra

20 mayo 2013

El PNUD, a través de su Programa Conjunto, sensibiliza y capacita a los habitantes de la región del Macizo Colombiano sobre las consecuencias del cambio climático y la conservación ambiental.

Fuerza Naval del Sur

17 mayo 2013

Documental Alpina

5 diciembre 2012

Un recorrido por las plantas de Alpina en toda la geografía del país: su historia y su esencia, contadas desde la voz de los "alpinistas" y de sus aliados en la cadena de valor.

También ha dirigido series como Hechos y personajes, Genio y figura y La consulta, entre más de 20 documentales y cerca de 400 horas de series de análisis, realizados para canales como Caracol, Canal Uno, Cablenoticias y Der Spiegel.

Premios

Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar

Premio Simón Bolívar

El Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar, entregado por el Círculo de Periodistas de Bogotá (CPB) desde 1959, es el máximo reconocimiento al periodismo en Colombia. Ramón Jimeno lo recibió por su trabajo periodístico de investigación sobre seguridad, política e institucionalidad, desarrollado a lo largo de su carrera como reportero y editor general del diario El Espectador.

Premio India Catalina

Premio India Catalina

Entregado en el marco del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias, el Premio India Catalina reconoce anualmente lo más destacado de la televisión colombiana. Ramón Jimeno lo recibió por su trabajo como director y productor de series de análisis y reportajes para televisión, en reconocimiento a la calidad de sus programas periodísticos en pantalla.

Premio Nacional de Periodismo CPB 2023

Premio CPB 2023

El Círculo de Periodistas de Bogotá le otorgó a Ramón Jimeno el Premio Nacional de Periodismo CPB 2023 al mejor libro, por La impunidad del poder — su investigación sobre los casos del magistrado Iván Velásquez y el coronel Carlos Velásquez, y cómo fuerzas oscuras someten al Estado colombiano.

Contacto

Escríbele a Ramón

a@jarestrategia.com

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